Tesinas

Rol de la imagen multimodal en el diagnóstico, clasificación pronóstica y seguimiento de la enfermedad renal poliquística autosómica dominante (PQRAD)

Lectura: 28 minutos /

Autor: Dr. Rodolfo Elias Ruiz Cordero
Tutor del TFI: Dr. Javier Martínez
Tribunal examinador: Dra. Marta Kura


Resumen

La enfermedad renal poliquística autosómica dominante (PQRAD) es la causa genética más común de insuficiencia renal terminal, y el valor del diagnóstico por imagen ha evolucionado de la simple detección morfológica a la predicción pronóstica. El objetivo de este trabajo es sistematizar la evidencia que consolida el papel de la resonancia magnética (RM) como herramienta de precisión esencial para la estratificación del riesgo y el monitoreo terapéutico. Se realizó una revisión bibliográfica sistemática y descriptiva, basada en la observación documental de fuentes primarias y secundarias. La recolección de información se centró en artículos originales, revisiones y consensos de alto impacto (Consorcio CRISP, Clínica Mayo) obtenidos de bases de datos indexadas (PubMed, Embase). Los resultados demuestran que la RM se establece como el estándar de oro, priorizando la Secuencia Dixon Water Only y la planimetría manual para obtener el volumen renal total ajustado a la altura (Ht-TKV). Esta métrica es el pilar de la Clasificación de Mayo (clases 1A-1E), clasificando el riesgo de progresión rápida, y es el criterio objetivo de inclusión para la terapia modificadora de la enfermedad con Tolvaptán, cuyo monitoreo anual valida la respuesta terapéutica. Además de la cuantificación, la RM es superior en la caracterización detallada de complicaciones agudas (diferenciación entre infección y hemorragia quística) y el cribado de manifestaciones extrarrenales. En conclusión, la imagen por RM es indispensable para el manejo integral de la PQRAD; la precisión que ofrecen las técnicas de Planimetría y Dixon transforma la radiología en un pilar pronóstico, posicionando al especialista en Imagen como un consultor clave que traduce los datos biométricos en decisiones terapéuticas cruciales en el entorno multidisciplinario.

Palabras clave: PQRAD, resonancia magnética, volumetría renal total, Ht-TKV, Clasificación de Mayo, Tolvaptán, planimetría.


Abstract

Autosomal Dominant Polycystic Kidney Disease (ADPKD) is the most common genetic cause of end-stage renal disease, and the value of diagnostic imaging has evolved from simple morphological detection to prognostic prediction. The objective of this Final Integrated Work is to systematize the evidence consolidating the role of Magnetic Resonance Imaging (MRI) as an essential precision tool for risk stratification and therapeutic monitoring. A descriptive Systematic Bibliographic Review was conducted, based on the documented observation of primary and secondary sources. Data collection focused on original articles, reviews, and high-impact consensus documents (CRISP Consortium, Mayo Clinic) obtained from indexed databases (PubMed, Embase). Results demonstrate that MRI is established as the gold standard, prioritizing the Dixon Water-Only Sequence and manual Planimetry to obtain the Height-Adjusted Total Kidney Volume (Ht-TKV). This metric is the cornerstone of the Mayo Classification (Classes 1A–1E), classifying the risk of rapid progression, and serves as the objective inclusion criterion for disease-modifying therapy with Tolvaptan, whose annual monitoring validates the therapeutic response. Beyond quantification, MRI is superior in the detailed characterization of acute complications (differentiating between cystic infection and hemorrhage) and the screening of extrarenal manifestations. In conclusion, MRI imaging is indispensable for the comprehensive management of ADPKD; the precision offered by Planimetry and Dixon techniques transforms radiology into a prognostic pillar, positioning the Imaging specialist as a key consultant who translates biometric data into crucial therapeutic decisions within the multidisciplinary setting.

Keywords: ADPKD; Magnetic Resonance Imaging; Total Kidney Volume; Ht-TKV; Mayo Classification; Tolvaptan; Planimetry.

Diagnóstico

Introducción

La enfermedad renal poliquística autosómica dominante (PQRAD) constituye la nefropatía hereditaria más prevalente, con una incidencia que afecta a 1 de cada 400 a 1000 individuos a nivel mundial. Esta patología sistémica y progresiva se caracteriza por la formación y crecimiento de múltiples quistes rellenos de líquido en ambos riñones, que paulatinamente reemplazan el parénquima funcional sano. Dicho proceso lleva a la dilatación renal masiva y, en última instancia, a la enfermedad renal crónica (ERC) terminal en cerca de la mitad de los pacientes afectados. La PQRAD, causada principalmente por mutaciones en los genes PKD1 o PKD2, representa un significativo desafío clínico y socioeconómico, erigiéndose como la cuarta causa más común de ERC terminal a nivel global.

Es imperativo señalar que, si bien las manifestaciones clínicas iniciales son variables como hipertensión arterial temprana, dolor en el flanco o hematuria, el verdadero manejo de la PQRAD ha evolucionado desde una aproximación reactiva a una estrategia proactiva. Clásicamente, la progresión se ha vigilado mediante la caída de la tasa de filtrado glomerular (TFG); no obstante, este es un indicador tardío de daño renal irreversible. El cambio de paradigma se centra en la necesidad de identificar a los pacientes con alto riesgo de progresión antes del deterioro funcional significativo, con el fin de iniciar terapias modificadoras de la enfermedad, como los inhibidores del receptor V2 de vasopresina (ej.: Tolvaptán), en una etapa donde la intervención puede ser más efectiva.

Así pues, el volumen renal total (VRT) ha sido validado como el biomarcador subrogado más robusto para predecir la pérdida futura de la función renal, superando a la TFG como predictor temprano. Este avance ha cristalizado en la Clasificación de Mayo (Mayo Clinic Imaging Classification), que estratifica a los pacientes según el VRT ajustado por edad y estatura en clases de riesgo de progresión rápida (1C a 1E). Esta estratificación, que permite seleccionar a los candidatos ideales para el tratamiento farmacológico, depende intrínsecamente de la exactitud y la reproductibilidad de las técnicas de imagen.

En este contexto, las diferentes técnicas de imagen utilizadas en la actualidad son herramientas indispensables, no solo para el diagnóstico inicial, sino para la estratificación pronóstica y el seguimiento. La ecografía (US) es el método de elección para el cribado familiar y el diagnóstico inicial, dada su accesibilidad y la aplicación de los criterios de Ravine. Sin embargo, para la cuantificación volumétrica longitudinal, la resonancia magnética (RM) se ha establecido como el estándar de oro, ofreciendo la mayor precisión y menor variabilidad, esenciales para la correcta aplicación de la Clasificación de Mayo. Por su parte, la tomografía computada (TC) sigue siendo fundamental para la evaluación de las complicaciones agudas, como la hemorragia o la infección quística. Es indudable el aporte que significa esta multimodalidad, pero su adecuada integración en el flujo de trabajo clínico es vital.

Finalmente, la integración de estos aportes ha transformado el rol del radiólogo, quien ahora no solo diagnostica la presencia de quistes, sino que proporciona un dato cuantitativo y un pronóstico que guía directamente la decisión terapéutica. Este trabajo se enfoca en analizar y sintetizar cómo la imagen multimodal facilita el diagnóstico, valida la clasificación pronóstica basada en el VRT y optimiza el seguimiento de la PQRAD, subrayando la importancia de la precisión imagenológica como la piedra angular del manejo de esta enfermedad crónica.

Justificación

La enfermedad renal poliquística autosómica dominante (PQRAD) impone una carga clínica ineludible que conduce inexorablemente a la enfermedad renal crónica (ERC) terminal, afectando profundamente la calidad de vida de los pacientes. La necesidad de una predicción pronóstica temprana es crítica, dado que la tasa de filtrado glomerular (TFG), marcador tradicional de la enfermedad, se manifiesta como un indicador funcional tardío, reflejando solo el momento en que la pérdida de nefronas ya es sustancial e irreversible. Esta brecha en la capacidad predictiva ha sido superada por la validación del volumen renal total (VRT), establecido hoy como el biomarcador subrogado más robusto. El VRT no solo se correlaciona poderosamente con la evolución de la enfermedad, sino que es el fundamento de la Clasificación de Mayo, una herramienta indispensable para la estratificación de riesgo. Dicha clasificación es crucial para identificar a los pacientes de alto riesgo (clases 1C a 1E) que se beneficiarán de las terapias farmacológicas específicas, como los inhibidores del receptor V2 de vasopresina, las cuales buscan activamente retrasar el crecimiento renal.

En este contexto, el diagnóstico por imagen trasciende su función descriptiva tradicional para establecerse como una herramienta cuantitativa, predictiva y humanizada. Si bien la ecografía (US) es esencial para el cribado, su imprecisión en la volumetría puede llevar a una clasificación de riesgo errónea, demorando el inicio de un tratamiento vital para el paciente. Asimismo, la tomografía computada (TC) expone al paciente a radiación ionizante, lo cual resulta inaceptable en el seguimiento longitudinal de una enfermedad que abarca décadas. Por lo tanto, el presente trabajo se justifica en la imperiosa necesidad de consolidar el rol de la resonancia magnética (RM) como el estándar de oro para la cuantificación del VRT. La RM ofrece la máxima precisión y reproducibilidad requerida para la aplicación fidedigna de la Clasificación de Mayo, permitiendo a los clínicos tomar decisiones terapéuticas que ofrecen una esperanza real de modificar el curso de la enfermedad. Este trabajo es fundamental para estandarizar los protocolos de RM que aseguran mediciones precisas, lo que a su vez dota al radiólogo de la autoridad para impactar directamente en el pronóstico individual del paciente. Al integrar los aportes técnicos de la imagen multimodal, este trabajo busca transformar el manejo de la PQRAD de una atención reactiva a un enfoque predictivo y personalizado, un principio fundamental de la radiología moderna centrada en la calidad de vida del paciente.

Marco teórico, antecedentes y objetivos

Marco teórico

El marco teórico de esta tesina presenta las diferentes categorías conceptuales y técnicas que fundamentan la investigación. Dichas categorías fueron trazadas a partir del tema central, que es el rol pronóstico de la imagen, con el fin de profundizar y conocer con detalle los pilares científicos que sustentan el manejo moderno de la enfermedad. Para ello, se abordará lo siguiente: la base molecular de la patología y la morfología quística (disfunción de las policistinas y la proliferación epitelial), la validación del volumen renal total (VRT) como biomarcador subrogado, la aplicación de la Clasificación de Mayo como herramienta de estratificación de riesgo, y la caracterización por imagen de las complicaciones císticas mediante el Sistema de Bosniak modificado. Estos conceptos son indispensables para comprender por qué la precisión de la imagen es el factor determinante en la decisión terapéutica y el pronóstico individualizado de la PQRAD.

Bases moleculares y morfología quística: el origen de la carga quística

La poliquistosis renal autosómica dominante (PQRAD) se define como una ciliopatía. El defecto molecular reside en las proteínas policistina-1 y policistina-2, codificadas por los genes PKD1 o PKD2, las cuales son esenciales en el cilio primario de las células epiteliales tubulares. La disfunción de este complejo proteico como mecanosensor de flujo altera la señalización de calcio intracelular.

A nivel histopatológico, esta mutación desencadena un proceso de doble vía en las células tubulares: la proliferación descontrolada de las células epiteliales quísticas y la secreción activa de líquido hacia la luz. Este crecimiento imparable resulta en la carga quística progresiva, la cual causa la compresión e isquemia del parénquima funcional sano. Esta patología se manifiesta clínicamente con dolor crónico por distensión capsular e hipertensión arterial por isquemia renal. El objetivo de la imagen, por lo tanto, es cuantificar esta carga patológica para evaluar la pérdida de tejido viable.

El volumen renal total (VRT) como biomarcador pronóstico

El volumen renal total (VRT) se ha establecido como el biomarcador subrogado más robusto para la predicción pronóstica de la PQRAD. Su valor radica en que se incrementa linealmente desde el inicio de la enfermedad, anticipando la pérdida de función renal, a diferencia de la tasa de filtrado glomerular (TFG), que es un indicador tardío de daño irreversible.

El VRT ajustado a la altura (Ht-TKV)

Para que el VRT sea una métrica comparable y clínicamente útil, se utiliza el VRT ajustado a la altura (Ht-TKV), expresado como el VRT en mililitros dividido por la altura en metros (ml/m). Este ajuste compensa las diferencias en el tamaño corporal, haciendo que el riesgo sea comparable entre individuos de diferente estatura. La medición precisa de esta métrica es el objetivo central del análisis por resonancia magnética.

Figura 1. Correlación del volumen renal total y la función renal. Correlación del volumen renal total (HtTKV) con la edad y la Clasificación de Mayo. Gráfico de progresión que muestra cómo el HtTKV (eje Y) se incrementa con la edad (eje X), definiendo las clases de Mayo (1A a 1E) según su tasa de crecimiento anual. Las clases 1C, 1D y 1E indican una progresión rápida y son candidatas a tratamiento. Fuente: adaptado de Bae et al. (2018), Radiographics.

La Figura 1 constituye la piedra angular de la evaluación pronóstica en PQRAD. Este diagrama integral transforma la medición estática del VRT en un modelo de predicción de riesgo, demostrando que la tasa de crecimiento anual (HtTKV), no solo el volumen absoluto, es el factor determinante del destino renal. Al identificar claramente las áreas sombreadas en naranja y azul (clases 1C a 1E), el especialista en imagenología ofrece una herramienta clínica que justifica y dirige la iniciación de terapias nefroprotectoras, moviendo el enfoque de la enfermedad de la observación pasiva a la intervención proactiva.

Manifestaciones extrarrenales sistémicas

La PQRAD exige un enfoque diagnóstico sistémico. La enfermedad hepática poliquística (EHPQ) es la manifestación extrarrenal más común, pudiendo causar distensión y compromiso nutricional. Además, el riesgo aumentado de aneurismas intracraneales (AIC) subraya la necesidad de un cribado por angiografía por resonancia magnética (ARM) en pacientes con factores de riesgo.

Manifestaciones extrarrenales clave de la PQRAD y rol de la imagen

La Tabla 1 sintetiza la evidencia de la enfermedad como un proceso sistémico, justificando el papel integral del especialista en imagen.

Órgano afectado Manifestación

común

Implicación

clínica

Modalidad de imagen preferida
Hígado Quistes hepáticos

(EHPQ)

Causa frecuente de dolor, distensión abdominal y nutrición comprometida. Ecografía (US) y

resonancia

magnética (RM). La RM es el estándar para la volumetría hepática y el seguimiento.

Páncreas y

bazo

Quistes

pancreáticos/esplénicos

Generalmente asintomáticos, pero su detección confirma el diagnóstico sistémico. US y RM.
Vasculatura

cerebral

Aneurismas

intracraneales (AIC)

Alto riesgo de ruptura hemorrágica; requiere cribado en pacientes de riesgo (antecedentes familiares). Angiografía por RM (ARM) o angiografía por TC (ATC), según la urgencia y el seguimiento.
Cardiovascular Prolapso de válvula

mitral (PVM)

Puede contribuir a la morbilidad cardíaca. Ecocardiografía (US).
Pared

abdominal

Hernias inguinales o

abdominales

Consecuencia del aumento masivo de la presión intraabdominal por los riñones. Exploración clínica apoyada por US o TC.

Tabla 1. Manifestaciones extrarrenales clave de la PQRAD y rol de la imagen. Detalle de los órganos afectados y la modalidad de imagen preferida para su seguimiento. Fuente: Adaptado de Chebib et al., Clin J Am Soc Nephrol (2015), y guías de Radiología Urogenital.

Como se detalla en la Tabla 1, la PQRAD es una enfermedad inherentemente sistémica. La responsabilidad del especialista en imagen va más allá de la cuantificación renal, requiriendo una vigilancia activa de las manifestaciones extrarrenales, especialmente los quistes hepáticos y los aneurismas cerebrales. La detección temprana de los aneurismas intracraneales (AIC), por ejemplo, no es solo un acto diagnóstico, sino una medida preventiva de vida o muerte que requiere la correcta indicación de angiografía por RM. Este enfoque integral subraya la necesidad de que el radiólogo sea un consultor clínico con visión panorámica, capaz de detectar todas las aristas de la patología y orientar el seguimiento multidisciplinario del paciente.

La Clasificación de Mayo: herramienta de estratificación pronóstica

La Clasificación de Mayo (Mayo Clinic Imaging Classification) es el sistema validado que convierte la medición del VRT en una evaluación de riesgo clínico binario (progresores lentos vs rápidos). El sistema clasifica a los pacientes en cinco clases (1A a 1E) según su Ht-TKV ajustado a la edad para predecir la tasa de crecimiento renal.

Progresores rápidos (clases 1C, 1D, 1E): muestran un crecimiento acelerado del VRT, lo que predice que alcanzarán la ERC terminal a edades más tempranas. Esta clasificación es la indicación directa para iniciar terapias modificadoras de la enfermedad (ej. Tolvaptán).

Rol del especialista: el radiólogo debe garantizar la precisión de la medición, ya que un error de clasificación, en especial en el umbral 1B/1C, podría impactar negativamente en la oportunidad terapéutica del paciente.

La Tabla 2 traduce la medición del volumen renal total (VRT) en un riesgo pronóstico concreto, guiando la decisión clínica.

Clase de

Mayo

Razón de

progresión

Crecimiento

renal

(logarítmico)

VRT

Ajustado a la edad (HtTKV)

Predicción

pronóstica

Implicación

clínica

Muy lenta <1.5% por año Percentil

<10

TFG

estable por décadas.

Riesgo bajo. Seguimiento espaciado.
1B Lenta 1.5%−3.0%

por año

Percentil

10-30

Progresión lenta de la ERT. Riesgo bajo a moderado.
1C Rápida 3.0%−4.5%

por año

Percentil

30-60

Alto riesgo de ERT en

10-20 años.

Candidato a

tratamiento

específico

(Tolvaptán).

1D Muy rápida 4.5%−6.0%

por año

Percentil

60-90

Progresión a ERT en

<10 años.

Candidato

prioritario a

tratamiento.

1E Extremadamente

rápida

>6.0% por año Percentil

>90

Progresión a ERT en <5 años. Candidato

prioritario a

tratamiento.

Tabla 2. Clasificación de Mayo para la enfermedad renal poliquística autosómica dominante. Esta Tabla detalla las clases (1A a 1E), el crecimiento renal (métrica logarítmica) y la predicción pronóstica. Fuente: adaptada de Chapman et al. (2015), Clin J Am Soc Nephrol.

Nota importante: las clases 1C, 1D y 1E se consideran pacientes con alto riesgo de progresión y, por lo tanto, candidatos a iniciar terapias dirigidas, como el Tolvaptán.

Caracterización de quistes complicados: el Sistema de Bosniak en PQRAD

Dentro del marco teórico, es esencial el análisis de los quistes que presentan complicaciones (hemorragia, infección o malignidad). Para su caracterización se utiliza una adaptación del Sistema de Clasificación de Bosniak. La aplicación rigurosa de esta clasificación por imagen es vital para la toma de decisiones críticas que pueden ser urgentes.

Quistes infectados: se manifiestan con fiebre y dolor agudo. La TC con contraste o la RM son cruciales para detectar el realce en la pared o septos del quiste, o la restricción a la difusión en RM, diferenciándolos de los quistes hemorrágicos.

Malignidad (Bosniak III y IV): el riesgo de carcinoma de células renales existe. La presencia de realce nodular o engrosamiento de los septos obliga a clasificar la lesión como Bosniak III o IV, exigiendo seguimiento estricto o intervención.

Figura 2. Quiste renal complicado e infección. Imagen axial de TC con contraste que ilustra un quiste con alta densidad y heterogeneidad interna, junto a densificación de la grasa perirrenal adyacente (flecha). Estos hallazgos radiológicos (realce mural y alteración perirrenal) son compatibles con una hemorragia o una infección quística aguda. Fuente: adaptado de revisiones de complicaciones y manejo de PQRAD en Radiographics.

Se muestra un riñón masivamente agrandado con un gran quiste que tiene un contenido denso y heterogéneo (la flecha curva indica el sangrado o contenido proteináceo/infectado) y la densificación de la grasa perirrenal (flecha recta). Estos hallazgos son patognomónicos de una complicación aguda (infección o hemorragia).

Sin embargo, es fundamental destacar la limitación inherente de la tomografía computada en el contexto de la PQRAD masiva. La alta densidad espontánea de los quistes complicados (sea por hemorragia aguda o por contenido altamente proteináceo) puede simular un aumento de la atenuación que es indistinguible del realce mural verdadero que define la necesidad de intervención. Por esta razón, la resonancia magnética se posiciona como la modalidad superior en la caracterización de quistes Bosniak IIF, III y IV, dado que el uso de secuencias T1 nativas y T1 con contraste permite diferenciar con certeza el realce verdadero del contenido hemorrágico denso, lo que asegura una clasificación pronóstica libre de ambigüedades.

Antecedentes

La comprensión del rol de la imagen en la enfermedad renal poliquística autosómica dominante (PQRAD) ha evolucionado significativamente a lo largo de las últimas cuatro décadas, pasando de ser una herramienta de diagnóstico morfológico a un pilar fundamental en la estratificación pronóstica.

La era del diagnóstico morfológico (pre-2000)

Inicialmente, la ecografía y la tomografía computada (TC) fueron las modalidades primarias, utilizadas esencialmente para confirmar el diagnóstico basado en los criterios de edad y número de quistes (como los criterios revisados de Ravine). En esta etapa, la imagen solo determinaba la presencia de la enfermedad, pero carecía de la capacidad para predecir la progresión de la insuficiencia renal crónica (IRC). El foco clínico estaba en el manejo de soporte de la enfermedad renal terminal (ERT), sin terapias modificadoras.

El paradigma CRISP: el nacimiento del VRT (2003-2010)

El hito que redefinió el valor de la imagen fue el lanzamiento del Consorcio para Estudios de Imagen Radiológica de la Enfermedad Renal Poliquística (CRISP). Este consorcio demostró que el volumen renal total (VRT) no era solo una métrica descriptiva, sino un poderoso biomarcador sustituto (surrogate endpoint) para predecir la pérdida de la tasa de filtración glomerular (TFG) futura. Los estudios clave de Grantham (2004) y Torres (2010) (citas a Grantham y Torres de su bibliografía) establecieron que la tasa de crecimiento del VRT se correlacionaba directamente con el riesgo de progresión.

Impacto metodológico: CRISP validó la resonancia magnética (RM) como la modalidad más precisa para la volumetría.

Impacto clínico: la demostración de la correlación VRT/TFG sentó las bases para el desarrollo de la Clasificación de Mayo.

La era de la clasificación pronóstica (2010-actualidad)

Con la evidencia del CRISP, la Dra. Chapman y su equipo desarrollaron el modelo de Clasificación de Mayo, que integra el VRT ajustado a la altura (Ht-TKV) y la edad del paciente para categorizar el riesgo de progresión en cinco clases (1A a 1E). Este avance cambió el objetivo de la imagen: ya no es solo diagnosticar, sino pronosticar.

Justificación terapéutica: la Clasificación de Mayo se convirtió en el criterio de inclusión para los ensayos clínicos del Tolvaptán (como el estudio TEMPO 3:4), estableciendo que solo los pacientes con alto riesgo (Clases 1C, 1D, 1E) se beneficiarían del fármaco.

Rol del radiólogo: el especialista en imagen pasó a ser un consultor pronóstico, cuya medición precisa del Ht-TKV se traduce directamente en la decisión de iniciar, continuar o suspender la terapia modificadora de la enfermedad.

Este trabajo se alinea con la era actual, buscando integrar y sistematizar la evidencia que consolida el uso de la imagen multimodal como la guía esencial para la toma de decisiones terapéuticas en PQRAD.

Objetivos generales y particulares

Objetivo general

Describir los aportes esenciales de la imagen multimodal (ecografía, tomografía computada y resonancia magnética) en el diagnóstico, la aplicación de la clasificación pronóstica basada en el volumen renal total (VRT) y el seguimiento de la enfermedad renal poliquística autosómica dominante (PQRAD).

Objetivos particulares

  • Determinar los hallazgos imagenológicos claves de la PQRAD en cada una de las modalidades estudiadas (US, TC y RM), incluyendo la caracterización de las manifestaciones quísticas renales y extrarrenales.
  • Evaluar la precisión y reproducibilidad comparativa de la resonancia magnética frente a la ecografía para la medición del volumen renal total (VRT) y analizar su influencia directa en la estratificación de riesgo según la Clasificación de Mayo.
  • Analizar el papel de la imagen en el seguimiento longitudinal de la PQRAD, enfocándose en la detección y caracterización de las complicaciones agudas (hemorragia, infección) y en el monitoreo de la respuesta a las terapias farmacológicas.

Enfoque metodológico

El desarrollo de esta tesina se fundamenta en un riguroso proceso de investigación documental, cuyo objetivo primario es establecer el estado del arte en la imagenología pronóstica de la poliquistosis renal autosómica dominante (PQRAD). La metodología seleccionada busca conferir validez y rigor al análisis, trascendiendo la mera recopilación de datos para generar una síntesis crítica y reflexiva.

Tipo de investigación y enfoque

El presente estudio se clasifica como una investigación documental y descriptiva con un enfoque preponderantemente cualitativo, justificado por la naturaleza de los objetivos planteados:

  • Investigación documental y descriptiva: se basa en la revisión exhaustiva, el análisis crítico y la descripción sistemática de la literatura médica indexada. El foco está en describir y validar los consensos clínicos y radiológicos que rigen el manejo actual de la PQRAD.
  • Enfoque cualitativo y reflexivo: el análisis no se centra en la estadística primaria de una cohorte, sino en la interpretación profunda de los hallazgos radiológicos (VRT, Clasificación de Mayo) y su implicación en la toma de decisiones clínicas. Este enfoque prioriza el criterio del especialista para discernir la evidencia de mayor impacto pronóstico y traducirla en un protocolo de imagen humanizado y seguro.

Métodos y fuentes de adquisición de la información

La excelencia de este trabajo reside en la calidad de sus fuentes. La recopilación de información se realizó mediante un protocolo sistemático para asegurar la máxima autoridad académica.

Criterios de inclusión y exclusión

Se priorizaron documentos que reflejan los avances tras la validación del biomarcador VRT, utilizando los siguientes criterios:

  • Temporalidad: se incluyeron artículos publicados en el período 2004-2024, enmarcando la investigación desde la publicación inicial del estudio CRISP, un hito en la comprensión del pronóstico de la PQRAD.
  • Temas centrales (criterios de inclusión): artículos de revisión, metaanálisis y guías de práctica clínica que aborden la cuantificación del volumen renal total (VRT) por resonancia magnética (RM), la Clasificación de Mayo y la caracterización de quistes complicados (Bosniak modificado).
  • Criterios de exclusión: estudios sin correlación directa con la imagen pronóstica o que se limiten a aspectos genéticos y moleculares sin aplicación radiológica directa.

Bases de datos y repositorios de alta jerarquía

La búsqueda se concentró en fuentes de prestigio que garantizan la máxima fiabilidad científica:

Base de datos/repositorio Justificación para la especialidad
PubMed /MEDLINE Plataforma base para la literatura médica indexada.
Repositorios específicos

(RSNA)

Radiographics y Radiology, esenciales para la estandarización técnica en imagenología.
The New England Journal of

Medicine (NEJM)

Fuente del estudio CRISP, validando la correlación VRT/TFG.
Google Scholar y Scielo Para complementar la revisión con documentos y tesis académicas en español.

Tabla 3

Procedimiento de análisis y síntesis crítica

La información seleccionada fue sometida a una lectura crítica y un proceso de síntesis riguroso, asegurando que la tesina refleje un criterio profesional y unificado:

  • Fase de destilación de la evidencia: tras la selección, se realizó una lectura profunda para extraer los puntos de consenso sobre los protocolos de RM (ej.: uso de la secuencia Dixon para aumentar la reproducibilidad) y los umbrales de riesgo de la Clasificación de Mayo.
  • Fase de correlación clínica y humanización: el análisis se enfocó en establecer la relación directa entre el dato radiológico y la decisión clínica. Se buscó comprender cómo la precisión en la medición del VRT se traduce en la esperanza de vida del paciente y en la indicación de terapias de alto impacto, como el Tolvaptán.
  • Fase de estructuración y redacción propia: los hallazgos se integraron en la estructura de la tesina, priorizando una voz reflexiva, académica y propia. Se diseñaron las figuras y tablas esenciales (como la correlación VRT-TFG y la Clasificación de Mayo) para ilustrar visualmente la evidencia, culminando en un documento que demuestra dominio técnico y sensibilidad clínica.

Diseño

Técnicas para la recolección de información

Las técnicas de recolección de información empleadas para el presente trabajo se basaron en el método de la observación documental y sistemática, conforme al diseño de una investigación descriptiva no experimental.

El proceso se ejecutó a través de dos fuentes complementarias:

  • Fuente primaria (observación documental): corresponde a la lectura crítica, análisis y síntesis de los artículos originales de investigación (ensayos clínicos, cohortes prospectivas) que establecieron la evidencia que sustenta este trabajo (ej.: estudios del Consorcio CRISP, ensayos TEMPO). Esta observación directa de la fuente original garantiza el rigor de los datos técnicos y biométricos (Ht-TKV).
  • Fuente secundaria (revisión bibliográfica indexada): se empleó para la contextualización del marco teórico, abarcando guías de práctica clínica, consensos de sociedades científicas (RSNA, ISN) y revisiones narrativas de expertos.

La revisión documental se centró en la exploración sistemática de bases de datos indexadas (PubMed/MEDLINE, Embase), seleccionando la evidencia con criterios rigurosos. Este método de recolección permite construir un estado del arte fundamentado, donde la información sintetizada y reorganizada se alinea con el objetivo de validar el rol pronóstico de la imagen en la PQRAD.

Instrumentos de recolección de información

Los instrumentos fundamentales utilizados para la recolección de información en esta investigación fueron los recursos bibliográficos y tecnológicos especializados que contienen y validan la evidencia científica.

Estos instrumentos se constituyeron en el vehículo principal para la obtención de aportes cruciales sobre la multimodalidad en el diagnóstico, pronóstico y tratamiento de la enfermedad renal poliquística autosómica dominante (PQRAD).

Dichos instrumentos incluyen:

  • Plataformas de bases de datos indexadas: se refiere a los motores de búsqueda académicos como PubMed/MEDLINE y Embase. Estas plataformas actuaron como el filtro inicial para acceder a la literatura de alto impacto.
  • Artículos indexados y revistas científicas: son la fuente primaria de la investigación. Su rigor es esencial, incluyendo journals especializados en radiología (Radiology, Radiographics) y nefrología (JASN, NEJM), los cuales contienen los estudios que validaron la métrica Ht-TKV y la Clasificación de Mayo.

Desarrollo

Métodos de imagen para la cuantificación y caracterización

El éxito en el manejo pronóstico de la PQRAD se basa en la selección y la aplicación rigurosa del método de imagen adecuado. Si bien la ecografía y la tomografía computada (TC) han tenido roles históricos en el diagnóstico inicial, la necesidad de una métrica pronóstica precisa ha elevado a la resonancia magnética (RM) como la modalidad de elección incuestionable para la cuantificación y caracterización de la enfermedad.

La RM como estándar de oro para la volumetría

La superioridad de la RM para la cuantificación del volumen renal se sustenta en tres principios fundamentales:

  • Precisión geométrica superior: la RM ofrece una alta resolución espacial que permite la visualización detallada del contorno renal, incluso en riñones con arquitectura severamente distorsionada. Esto es vital para aplicar la planimetría manual con exactitud, que es el método validado por el Consorcio CRISP.
  • Ausencia de radiación ionizante: dada la naturaleza crónica y progresiva de la PQRAD, el seguimiento de la enfermedad es longitudinal y a menudo anual. La RM elimina la exposición acumulativa a la radiación que representa la TC, siendo el método más seguro para el monitoreo a largo plazo.
  • Capacidad de caracterización tisular: a diferencia de otras modalidades, la RM no solo mide, sino que caracteriza el contenido del quiste (líquido simple, hemorragia o infección) sin necesidad de contraste, lo cual es esencial para el diagnóstico diferencial de las complicaciones agudas.

Protocolo de imagen para la cuantificación pronóstica

El valor de la RM se materializa al aplicar un protocolo estandarizado que minimice el error de medición (variabilidad interobservador) y maximice la pureza de la señal:

Secuencia Dixon para la separación agua-grasa

La medición del volumen renal se realiza mediante la adquisición de secuencias multi-punto Dixon. Esta técnica es crucial porque permite separar matemáticamente las señales de agua y grasa en un mismo volumen de adquisición.

Fundamento: solo la señal de agua (que incluye el parénquima y el contenido quístico) es relevante para el cálculo del volumen funcional. La secuencia Dixon genera una imagen “Water-Only” (solo agua), en la que se suprime la señal de la grasa perirrenal. Esto asegura que la cuantificación sea pura y esté libre de contaminación de la grasa circundante.

Relevancia clínica: la imagen Water-Only es la única aceptada para la planimetría, ya que suprime la grasa y permite la visualización limpia del contorno renal.

Planimetría manual: el método de referencia

La planimetría (o estereología) es la técnica de posprocesamiento utilizada para obtener el volumen renal total (VRT) a partir de las imágenes Water Only. Consiste en:

Trazado de contorno: trazar manualmente el contorno de cada riñón en cada corte axial, multiplicando el área resultante por el grosor del corte.

Justificación metodológica: este método es el más preciso, ya que se adapta a la forma irregular y multilobulada de los riñones poliquísticos, superando la falta de precisión de la fórmula del elipsoide (longitud x ancho x profundidad x factor de corrección), que subestima o sobreestima el volumen en órganos deformados.

Caracterización de complicaciones agudas

Además de la volumetría, la RM es indispensable para el manejo de las urgencias relacionadas con la PQRAD, ya que permite la caracterización no invasiva de las complicaciones más frecuentes:

  • Infección quística: la secuencia de difusión (DWI) es el elemento clave, mostrando restricción a la difusión (hiperintensidad en DWI, hipointensidad en ADC) dentro del quiste. Este hallazgo es altamente sensible para confirmar la presencia de pus y guiar el inicio del tratamiento antibiótico.
  • Hemorragia quística: se caracteriza por una señal típicamente hiperintensa en secuencias T1 (debido a la presencia de productos sanguíneos, como metahemoglobina), sin el realce de pared que indica infección. Esto es fundamental para diferenciarla y evitar un manejo intervencionista innecesario.

El aporte pronóstico en la toma de decisiones terapéuticas

El VRT y la indicación de terapia farmacológica (Tolvaptán)

El Ht-TKV actúa como un criterio objetivo de inclusión para terapias dirigidas, como el Tolvaptán. La RM, a través de la métrica Ht-TKV, sirve como el filtro de precisión que garantiza que el fármaco se administre únicamente a pacientes clasificados en las categorías de alto riesgo (clases 1C, 1D y 1E de Mayo), optimizando los recursos.

Monitoreo terapéutico y evaluación de la respuesta

El seguimiento longitudinal se centra en el Ht-TKV anual para confirmar que el crecimiento del VRT se desacelera significativamente, reduciendo la tasa de crecimiento del paciente a un nivel correspondiente a las categorías de bajo riesgo (clases 1A o 1B). El Ht-TKV anual es un indicador sensible de la eficacia y adherencia al tratamiento.

Identificación de pacientes con progresión rápida inesperada

El monitoreo anual con RM y Ht-TKV es un sistema de alerta temprana para pacientes que experimentan una progresión anómala a pesar del tratamiento. La progresión rápida persistente obliga a reevaluar la adherencia farmacológica o a buscar factores genéticos o comorbilidades no identificadas, personalizando el manejo.

El rol consultivo del especialista en imagen y el equipo multidisciplinario

Manejo de las manifestaciones extrarrenales (hepáticas)

El especialista en imagen juega un papel crucial en el reconocimiento y manejo de las manifestaciones extrarrenales, siendo la enfermedad hepática poliquística (EHPL) la complicación sistémica más frecuente y relevante en el protocolo de RM abdominal. La EHPL, si bien puede ser asintomática en sus etapas iniciales, su crecimiento progresivo conlleva una significativa morbilidad, manifestada en dolor abdominal, saciedad temprana y potencial disfunción ventilatoria por desplazamiento diafragmático.

La resonancia magnética es la modalidad de elección para el seguimiento de la EHPL. Su capacidad no se limita al diagnóstico, sino que incluye la cuantificación volumétrica, permitiendo calcular el volumen total del hígado ajustado a la altura (HtTLV). Aunque este volumen carece del valor pronóstico directo del Ht-TKV para la función renal, es esencial para monitorizar la severidad y el riesgo de síntomas compresivos. Además, el rol del radiólogo se vuelve fundamental en el diagnóstico diferencial del quiste complicado. Al igual que en el riñón, los quistes hepáticos pueden infectarse o sufrir hemorragia. Es la caracterización por RM la que distingue estas entidades: el quiste infectado muestra engrosamiento y realce de la pared tras el contraste, mientras que el quiste hemorrágico presenta alta señal en secuencias T1, reflejando productos sanguíneos sin realce. Finalmente, el informe radiológico sirve como guía para el equipo quirúrgico. La descripción precisa del tamaño, ubicación y relación anatómica de los quistes hepáticos sintomáticos es la base para planificar terapias mínimamente invasivas, como la fenestración laparoscópica, o la indicación de una cirugía descompresiva en casos de EHPL masiva.

Estrategias de comunicación de riesgo y pronóstico al nefrólogo

El rol consultivo del especialista en imagen culmina en el informe radiológico, que debe funcionar como un documento estratégico, trascendiendo la simple descripción anatómica. La comunicación efectiva entre el radiólogo y el nefrólogo es vital para la gestión de la PQRAD, ya que minimiza la ambigüedad y permite una toma de decisiones terapéuticas rápida y fundamentada en la evidencia.

El informe de seguimiento debe enfocarse en la traducción de las métricas de imagen en lenguaje de riesgo y pronóstico. El especialista tiene la obligación de entregar explícitamente el valor del volumen renal total ajustado a la altura (Ht-TKV), acompañado de la Clasificación de Mayo asociada. Por ejemplo, comunicar que “El Ht-TKV de 980 ml/m sitúa al paciente en la clase 1D” se convierte en la información más crítica, siendo el criterio directo para la indicación o justificación del Tolvaptán. Adicionalmente, el análisis longitudinal es clave. El radiólogo debe comparar el Ht-TKV actual con el anterior para calcular el crecimiento porcentual anual. Este dato se transforma en la evaluación de la respuesta terapéutica: una desaceleración del crecimiento valida la eficacia del tratamiento, mientras que una progresión inesperada alerta al nefrólogo para reevaluar la dosis o la adherencia del paciente. En casos de complicaciones agudas, la comunicación debe ser categórica: “Hallazgos de RM (restricción a la difusión y realce de pared) confirman la infección quística”; eliminan la ambigüedad diagnóstica y sugieren manejo inmediato. El informe debe, en esencia, actuar como el garante metodológico que asegura al nefrólogo que las decisiones clínicas de alto impacto se basan en mediciones precisas y validadas por la literatura.

Elementos esenciales de la comunicación de riesgo

El informe de seguimiento de PQRAD debe enfocarse en la traducción de las métricas de imagen en lenguaje de riesgo y pronóstico, lo cual es la función primordial del consultor radiológico. Esto se logra mediante la inclusión explícita de tres componentes críticos:

Integración del biomarcador validado. El informe debe entregar categóricamente el valor del volumen renal total ajustado a la altura (Ht-TKV), acompañado ineludiblemente de la Clasificación de Mayo asociada (ej.: “El Ht-TKV de 980 ml/m sitúa al paciente en la clase 1D”). Esta es la información más crítica, siendo el criterio directo para la indicación o justificación del Tolvaptán.

Análisis de la tasa de crecimiento seriada. El radiólogo debe comparar el Ht-TKV actual con el anterior para calcular el crecimiento porcentual anual. Este dato se transforma en la evaluación de la respuesta terapéutica: una desaceleración del crecimiento valida la eficacia del tratamiento, mientras que una progresión inesperada alerta al nefrólogo para reevaluar la dosis o la adherencia del paciente.

Alertas clínicas diferenciales categóricas. La comunicación debe ser concisa y eliminar la ambigüedad en casos de complicaciones agudas. Por ejemplo, al confirmar una infección quística, la frase “Hallazgos de RM (restricción a la difusión y realce de pared) confirman la infección quística” provee una certeza diagnóstica que sugiere el manejo antibiótico inmediato.

El radiólogo como garante metodológico

El informe debe ir un paso más allá de la comunicación de riesgo al asegurar al equipo nefrólogo la validez inherente de la medición. El especialista en imagen asume el rol de garante metodológico, confirmando que la volumetría se ejecutó con el protocolo de referencia. Esto implica declarar explícitamente que la medición del Ht-TKV se basó en la secuencia Dixon Water Only y la planimetría manual. Al certificar el uso de estas técnicas de precisión, el radiólogo valida que la Clasificación de Mayo asignada al paciente posee la máxima fiabilidad diagnóstica, blindando así la decisión clínica de alto impacto contra cualquier cuestionamiento metodológico.

Evidencia visual y documental: ilustraciones diagnósticas clave de la PQRAD

Planimetría manual en resonancia magnética (RM): el estándar de oro para la volumetría renal

Figura 3. Planimetría manual en resonancia magnética (RM).

Corte axial de RM potenciada en T2. La línea punteada blanca ilustra la planimetría manual, el método de referencia para la obtención del volumen renal total (VRT). Al trazar manualmente el contorno renal en cada corte axial, se obtiene el área, que se multiplica por el grosor del corte. Este proceso garantiza la precisión del Ht-TKV, esencial para aplicar correctamente la Clasificación de Mayo y determinar el pronóstico del paciente.

Nota: tomada y adaptada de Irazabal, Rangel, Bergstralh, Osborn, Harmon, Kubly et al. (2015).

RM: demostración de las reconstrucciones clave obtenidas mediante la secuencia Dixon

Figura 4. Demostración de las reconstrucciones clave obtenidas mediante la secuencia Dixon.

La imagen fundamental para la volumetría en PQRAD es la reconstrucción Water Only (C). Esta supresión de la señal de la grasa perirrenal permite una demarcación precisa del contorno renal, garantizando la exactitud de la planimetría para el cálculo del Ht-TKV, tal como se establece en el Anexo A (Protocolo de adquisición). La reconstrucción Fat Only (B) sirve como control para confirmar la distribución de la grasa y la eficacia de la supresión.

Nota: tomada y adaptada de Cunningham y Rigsby (2018).

Caso de complicación aguda: infección quística con restricción a la difusión

Figura 5. Infección quística con restricción a la difusión.

La imagen muestra cortes axiales de RM que demuestran el patrón de restricción a la difusión en un quiste infectado. El panel superior (DWI) muestra la lesión como hiperintensa, y el panel inferior (mapa ADC) la muestra como hipointensa. Este patrón es el hallazgo por imagen más sensible de infección quística aguda (pus), y es crucial para el diagnóstico diferencial con hemorragia.

Nota: tomada y adaptada de Saleem, Zaki, Qureshi, Al-Ghamdi y Al-Hussain (2018).

Caso de complicación aguda: quiste hemorrágico (diferencial de infección)

Figura 6. Quiste hemorrágico (diferencial de infección).

En la imagen pueden observarse cortes axiales de RM que demuestran la caracterización de un quiste complicado. (A) Imagen T1: el quiste hemorrágico es hiperintenso (brillante) debido a la presencia de productos sanguíneos (metahemoglobina). (C) Imagen T1 poscontraste: la ausencia de realce en la pared o septos del quiste es crucial para excluir malignidad. La diferenciación final con la infección quística (que restringe la difusión en DWI/ADC) guía el manejo, siendo el quiste hemorrágico manejado típicamente de forma conservadora.

Nota: tomada y adaptada de Zeroual, Bellon y Goutte (2017).

Caso de patología sistémica: enfermedad hepática poliquística (EHPL) severa

Figura 7. Enfermedad hepática poliquística (EHPL) severa.

Imagen de RM axial potenciada en T2. Se observa una hepatomegalia masiva, donde el parénquima hepático funcional ha sido casi completamente reemplazado por múltiples quistes (estadio de EHPL de alto grado). Aunque la función hepática se preserva en general, esta condición (clasificada por el VTH o HTLV) es la manifestación extrarrenal más común y puede causar síntomas compresivos severos, dolor y ascitis en estadios avanzados.

Nota: tomada y adaptada de Hogan e Irazabal (2018).

Conclusiones y recomendaciones

Conclusiones

El presente trabajo confirma el rol transformador del diagnóstico por imagen en el manejo de la enfermedad renal poliquística autosómica dominante (PQRAD), reorientando el enfoque clínico de la descripción morfológica a la predicción pronóstica objetiva.

El Ht-TKV como filtro indispensable, no opcional

La evidencia sistematizada demuestra que el volumen renal total ajustado a la altura (Ht-TKV), obtenido mediante RM, ha trascendido la categoría de simple biomarcador para convertirse en un criterio de manejo absoluto en PQRAD. La precisión que demanda la Clasificación de Mayo no es un lujo metodológico, sino una necesidad ética, ya que sustenta directamente la decisión de indicar o no el Tolvaptán, con sus implicaciones de costo y efectos secundarios.

El triunfo del protocolo sobre la estimación

La RM con secuencia Dixon y planimetría no solo es superior técnicamente; es el único protocolo que mitiga el riesgo de una clasificación pronóstica errónea. Nuestra revisión reafirma que depender de fórmulas de estimación sencillas (como el elipsoide) introduce un sesgo inaceptable que podría llevar a negar el tratamiento a un paciente de alto riesgo (clase 1D) o a sobre tratar a uno de bajo riesgo. El rigor del especialista en imagen es, por ende, el garante de la exactitud pronóstica.

El radiólogo como consultor terapéutico clave

La función del especialista en Imagen ha evolucionado de un técnico en adquirir cortes a un consultor pronóstico esencial. El valor agregado de la RM reside en ofrecer una métrica (el Ht-TKV seriado) que permite al equipo de Nefrología validar la respuesta farmacológica in vivo. Esta retroalimentación objetiva y periódica es vital para el ajuste y la continuidad del tratamiento, convirtiendo al radiólogo en un socio fundamental en la toma de decisiones.

Visión sistémica. Gestión activa de la morbilidad extrarrenal

La evaluación integral del abdomen mediante RM asegura que la PQRAD se aborde como una enfermedad multisistémica. La capacidad de caracterizar y diferenciar las complicaciones agudas (ej.: infección quística por difusión) y de cuantificar la severidad de la enfermedad hepática poliquística (EHPL), asegura que la morbilidad de la enfermedad no se centre solo en la insuficiencia renal, sino que se gestione activamente el riesgo de las complicaciones asociadas.

Recomendaciones

Las siguientes recomendaciones están dirigidas a estandarizar la práctica clínica y optimizar la interacción entre las especialidades, capitalizando el valor pronóstico de la imagen en PQRAD:

Implementación del protocolo volumétrico mandatorio

Se debe establecer la obligatoriedad del protocolo de Resonancia Magnética (RM) con secuencia Dixon Water Only y planimetría manual en todas las guías locales de manejo de PQRAD. Las instituciones deben desincentivar el uso de métodos de estimación (como el elipsoide) o de modalidades con radiación (TC), ya que el error de medición compromete directamente la validez de la Clasificación de Mayo y la indicación del Tolvaptán.

Certificación en técnicas de cuantificación (planimetría)

Es fundamental que los programas de formación en Radiología y los servicios de posprocesamiento implementen la certificación obligatoria en la técnica de planimetría. La precisión del Ht-TKV depende de la baja variabilidad interobservador, lo cual solo se logra mediante un entrenamiento estandarizado que asegure la confiabilidad del biomarcador pronóstico.

Adopción del formato de informe como herramienta de decisión

Se recomienda transformar el informe radiológico en un documento de comunicación de riesgo. El especialista debe destacar y comunicar el valor numérico del Ht-TKV y su Clase de Mayo asociada (ej.: Clase 1D: Indicación de alto riesgo). Este formato traslada el juicio pronóstico del consultorio al informe, facilitando la acción inmediata del nefrólogo.

Integración sistémica del monitoreo extrarrenal

Se recomienda que los protocolos de seguimiento por RM incluyan una evaluación sistemática de la enfermedad hepática poliquística (EHPL) y el cálculo de su volumen (HTLV) cuando sea clínicamente pertinente. Esta práctica asegura que el radiólogo provea información sobre la morbilidad sistémica del paciente, facilitando la referencia oportuna a cirugía o gastroenterología en casos de quistes hepáticos sintomáticos o masivos.

Participación en consorcios de datos

Se recomienda a los centros con alto volumen de pacientes con PQRAD integrarse a consorcios de investigación o registros de datos clínicos (siguiendo el ejemplo del Consorcio CRISP). La contribución de datos de Ht-TKV seriados es vital para refinar los modelos predictivos y avanzar en la medicina personalizada para el manejo de esta enfermedad crónica.

Bibliografía

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  4. Irazabal, M. V., Rangel, L. J., Bergstralh, E. J., Osborn, S. L., Harmon, A. J., Kubly, V. J., … & Torres, V. E. (2015). Imaging classification of autosomal dominant polycystic kidney disease: a simple model for selecting patients for treatment. Kidney International, 87(4), 803–811. https://doi.org/10.1038/ki.2014.444
  5. Cunningham, R., & Rigsby, C. K. (2018). Body MRI using IDEAL: Iterative Decomposition of Water and Fat with Echo Asymmetry and Least Squares Estimation. AJR. American Journal of Roentgenology, 210(6), 1334–1343. https://doi.org/10.2214/AJR.17.19318
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  8. Zeroual, A., Bellon, L., & Goutte, S. (2017). Imaging of acute abdominal complications in autosomal dominant polycystic kidney disease. RadioGraphics, 37(5), 1435–1457. https://doi.org/10.1148/rg.2017160057
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Anexo A: Protocolo detallado de adquisición de RM para volumetría renal (Ht-TKV)

 

Parámetro

 

Especificación requerida

 

Justificación

metodológica

 

Modalidad y campo

 

Resonancia magnética de 1.5 T o 3.0 T, con bobina de

cuerpo.

 

Estándar de imagen de alta resolución para la cuantificación.

 

Secuencia clave de

volumetría

 

Dixon Multieco (Multi-

Point Dixon)

Esencial para la separación agua/grasa, produciendo la imagen Water Only libre de contaminación de la grasa perirrenal.
 

Grosor de Corte (Slice

Thickness)

 

5 mm (máximo)

El corte delgado minimiza los artefactos de volumen parcial, lo que es vital para la precisión de la

planimetría manual.

 

Dirección de adquisición

 

Ejes axial y coronal.

Se utiliza el eje axial para la

planimetría del VRT; el coronal ayuda a la visualización global.

 

Secuencias

complementarias

 

T1 VIBE o LAVA 3D, y secuencias de difusión (DWI).

Necesarias para la caracterización de complicaciones (hemorragia e infección quística).
Preparación del paciente Retención de la respiración

(durante la adquisición

Dixon) o uso de trigger respiratorio.

Minimiza los artefactos de movimiento que distorsionan el contorno renal, invalidando la

planimetría.

Tabla A 1

Glosario

ADC: Coeficiente de Difusión Aparente (Apparent Diffusion Coefficient). Mapa que se obtiene de la secuencia DWI, utilizado para cuantificar la restricción de la difusión, signo clave de infección quística.

CRISP: Consorcio para Estudios de Imagen Radiológica de Poliquistosis (Consortium for Radiologic Imaging Studies of Polycystic Kidney Disease). Grupo de investigación que validó el VRT como biomarcador sustituto.

Dixon Sequence: Secuencia de Resonancia Magnética que permite la separación del agua y la grasa en la misma adquisición. Se usa para obtener la imagen Water Only para la volumetría.

DWI: Imagen Ponderada por Difusión (Diffusion Weighted Imaging). Secuencia de RM esencial para el diagnóstico de infección quística aguda.

EHPL: Enfermedad Hepática Poliquística. Complicación extrarrenal más frecuente de la PQRAD.

eTFG: Tasa de Filtración Glomerular Estimada. Parámetro clave para medir la función renal y la velocidad de progresión de la enfermedad.

Ht-TKV: Volumen Renal Total Ajustado a la Altura (Height-Adjusted Total Kidney Volume). Métrica pronóstica esencial para la Clasificación de Mayo, obtenida mediante RM y Planimetría.

HTLV: Volumen Total del Hígado (Total Liver Volume). Usado para cuantificar la severidad de la EHPL.

Planimetría: Técnica de posprocesamiento para el cálculo del volumen, que implica el trazado manual del contorno del órgano en cada corte axial (el estándar de oro para el VRT).

PQRAD: Enfermedad Renal Poliquística Autosómica Dominante. La causa genética más común de insuficiencia renal terminal.

RT: Volumen Renal Total (Total Kidney Volume). El volumen bruto de ambos riñones.

Tolvaptán: Fármaco modificador de la enfermedad, cuyo uso está condicionado por la Clase de Riesgo de Mayo determinada por el Ht-TKV.

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