Tesinas

PET: Más allá de la oncología

Lectura: 32 minutos /

Autor: Dr. Dennis Thomas
Centro formador: Clínica Del Valle
Tutor del TFI: Dr. Javier Martínez
Tribunal examinadorDra. Marta Kura


Resumen

La tomografía por emisión de positrones (PET), en sus modalidades híbridas con tomografía computada y resonancia magnética (PET/CT y PET/RM), se ha consolidado como una herramienta fundamental en el diagnóstico por imágenes, con una reconocida aplicación en oncología. No obstante, en las últimas décadas su utilización se ha expandido hacia múltiples áreas no oncológicas, permitiendo una evaluación metabólica y funcional que complementa de manera significativa a los métodos anatómicos tradicionales. El objetivo de este trabajo es analizar los aportes del PET más allá de la oncología, destacando su relevancia diagnóstica en patologías neurológicas, inflamatorias e infecciosas, y su impacto en la toma de decisiones clínicas en beneficio del paciente.

En neurología, el PET con ¹⁸F-fluorodesoxiglucosa (¹⁸F-FDG) desempeña un rol central en la evaluación de la epilepsia refractaria, al permitir la localización funcional del foco epileptógeno y contribuir a la planificación quirúrgica, incluso en pacientes con estudios estructurales normales. Asimismo, en el estudio de las demencias, el PET permite identificar patrones metabólicos característicos que facilitan el diagnóstico diferencial precoz entre enfermedad de Alzheimer, demencia frontotemporal y demencia con cuerpos de Lewy. En los trastornos del movimiento, el análisis metabólico cerebral aporta información clave para la diferenciación de los parkinsonismos atípicos.

Por otra parte, el PET presenta una elevada utilidad en la evaluación de procesos inflamatorios e infecciosos, al detectar actividad inflamatoria activa en enfermedades como la sarcoidosis, las vasculitis de grandes vasos, la enfermedad relacionada con IgG4 y en la fiebre de origen desconocido. En conjunto, la evidencia analizada demuestra que el PET constituye un método diagnóstico integral, cuya correcta incorporación en los algoritmos clínicos permite optimizar el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento de los pacientes.

Palabras clave: PET, diagnóstico por imágenes, neurología, epilepsia, demencias, enfermedad de Alzheimer, parkinsonismos, inflamación, infección, sarcoidosis, vasculitis, IgG4, fiebre de origen desconocido.


Abstract

Positron emission tomography (PET), in its hybrid modalities with computed tomography and magnetic resonance imaging (PET/CT and PET/MRI), has become a fundamental tool in diagnostic imaging, with a well-established role in oncology. Over recent decades, however, its application has expanded into multiple non-oncologic fields, providing metabolic and functional information that significantly complements conventional anatomic imaging techniques. The aim of this work is to analyze the contributions of PET beyond oncology, highlighting its relevance in neurological, inflammatory, and infectious diseases, as well as its direct impact on clinical decision-making for the benefit of patients.

In neurology, ¹⁸F-FDG PET plays a central role in the evaluation of drug-resistant epilepsy by enabling localization of the epileptogenic focus and facilitating surgical planning, particularly in patients with negative or inconclusive structural imaging findings. In the assessment of dementia, PET provides characteristic metabolic patterns that allow early differential diagnosis between Alzheimer’s disease, frontotemporal dementia, and dementia with Lewy bodies. In movement disorders, cerebral metabolic analysis contributes to the recognition of specific phenotypes in atypical parkinsonian syndromes, improving diagnostic accuracy in complex clinical scenarios.

Furthermore, PET demonstrates significant utility in the evaluation of inflammatory and infectious processes. Its high sensitivity for detecting active inflammation enables assessment of conditions such as sarcoidosis, large-vessel vasculitis, IgG4-related disease, and inflammatory synovitis, even when structural imaging findings are nonspecific. In the field of infection, PET represents a high-performance diagnostic tool in cases of fever of unknown origin, infective endocarditis, and prosthetic complications, contributing to the identification of occult foci and guiding therapeutic management.

In conclusion, PET constitutes an integral diagnostic modality capable of providing critical metabolic information across a broad spectrum of non-oncologic pathologies. Its appropriate incorporation into diagnostic algorithms and accurate interpretation allow optimization of diagnosis, treatment, and patient follow-up, resulting in a direct and positive impact on patient care.

Keywords: PET; diagnostic imaging; neurology; epilepsy; dementia; Alzheimer’s disease; parkinsonism; inflammation; infection; sarcoidosis; vasculitis; IgG4-related disease; fever of unknown origin.


Introducción

La tomografía por emisión de positrones (PET) se ha consolidado como una herramienta esencial en la medicina moderna, en especial en el campo del diagnóstico por imágenes, debido a su capacidad para evaluar procesos metabólicos, funcionales y moleculares in vivo. Tradicionalmente, su principal aplicación clínica se ha centrado en el diagnóstico, estadificación y seguimiento de enfermedades oncológicas. Sin embargo, el desarrollo de modalidades híbridas, como el PET combinado con tomografía computada (PET/CT) y con resonancia magnética (PET/RM), ha permitido integrar la información funcional propia del PET con datos anatómicos de alta resolución, ampliando de manera significativa el alcance diagnóstico del método frente a técnicas puramente morfológicas.

En los últimos años, las aplicaciones del PET han trascendido ampliamente el ámbito oncológico, demostrando un rol determinante en la evaluación de múltiples patologías no neoplásicas. En particular, el estudio del metabolismo cerebral mediante PET con ¹⁸F-FDG ha permitido profundizar en la comprensión de fisiopatologías complejas, como la epilepsia refractaria, las demencias neurodegenerativas y los trastornos del movimiento, incluyendo los distintos parkinsonismos. Asimismo, la capacidad del PET para detectar actividad metabólica asociada a procesos inflamatorios ha impulsado su utilización en enfermedades sistémicas, como las vasculitis, la sarcoidosis, las artritis inflamatorias, la fiebre de origen desconocido y la enfermedad relacionada con IgG4, entre otras. Estas aplicaciones ponen de manifiesto el valor del PET como herramienta transversal en diversas áreas de la práctica clínica.

A pesar de la creciente evidencia científica que respalda su utilidad en escenarios no oncológicos, el uso del PET continúa siendo heterogéneo entre distintos centros y sistemas de salud. Persisten variaciones en las indicaciones clínicas, los protocolos de adquisición, la integración con otras modalidades de imagen y la estandarización de los informes. Esta falta de uniformidad limita el aprovechamiento pleno de un método cuya elevada sensibilidad metabólica y capacidad de evaluación corporal integral podrían optimizar de manera significativa los tiempos diagnósticos, la elección terapéutica y el seguimiento evolutivo de los pacientes.

En este contexto, resulta necesario integrar y analizar de forma sistemática la información científica disponible, con el objetivo de ordenar las indicaciones más relevantes y resaltar los aportes del PET como herramienta diagnóstica de valor añadido dentro del diagnóstico por imágenes. El presente trabajo aborda las aplicaciones del PET más allá de la oncología, con especial énfasis en la neurología y en los procesos inflamatorios e infecciosos, destacando su impacto concreto en la práctica clínica y su contribución directa al beneficio del paciente.

Justificación

La expansión del uso de la tomografía por emisión de positrones (PET) más allá de la oncología representa uno de los avances más relevantes en el campo del diagnóstico por imágenes en las últimas décadas. La capacidad del PET para detectar alteraciones funcionales y metabólicas en etapas tempranas de la enfermedad, incluso antes de que se manifiesten cambios anatómicos evidentes, le confiere una ventaja decisiva en múltiples escenarios clínicos donde la presentación clínica es inespecífica o los métodos estructurales pueden resultar limitados. La integración del PET con modalidades anatómicas, como la tomografía computada y la resonancia magnética, potencia aún más su valor diagnóstico y su aplicabilidad clínica.

En neurología, el PET aporta información fundamental en situaciones donde la tomografía computada o la resonancia magnética no logran caracterizar el trastorno de manera concluyente. En la epilepsia refractaria, el estudio interictal con ¹⁸F-FDG permite identificar áreas de hipometabolismo cortical que orientan la localización del foco epileptógeno y contribuyen de forma significativa a la planificación quirúrgica, complementando los hallazgos del electroencefalograma y de la neuroimagen estructural. En el abordaje de las demencias, el PET proporciona patrones metabólicos característicos que facilitan el diagnóstico diferencial entre distintas entidades neurodegenerativas y posibilitan una intervención más temprana. En los trastornos del movimiento, el análisis metabólico cerebral contribuye a la caracterización de los parkinsonismos atípicos, mejorando la precisión diagnóstica en contextos clínicos complejos.

Asimismo, el PET se ha consolidado como una herramienta de gran valor en la evaluación de procesos inflamatorios sistémicos. Su elevada sensibilidad para detectar inflamación activa lo posiciona como un método especialmente útil en patologías como la sarcoidosis, la enfermedad relacionada con IgG4, las vasculitis de grandes vasos y diversas enfermedades reumatológicas. En estos contextos, el PET permite identificar compromiso multiorgánico, diferenciar inflamación activa de cambios crónicos o fibróticos y evaluar de manera más precisa la respuesta al tratamiento inmunomodulador, superando las limitaciones de las técnicas puramente anatómicas.

A pesar de los beneficios demostrados, el empleo del PET en indicaciones no oncológicas continúa siendo heterogéneo y, en muchos casos, infrautilizado. Factores como el desconocimiento de su potencial diagnóstico, la falta de estandarización de protocolos y la ausencia de guías institucionales actualizadas limitan su incorporación sistemática en la práctica clínica. En este contexto, el presente trabajo se propone ordenar y analizar críticamente la evidencia científica disponible, resaltar la relevancia clínica del PET como herramienta diagnóstica integral y contribuir a una mejor toma de decisiones médicas, con el objetivo final de optimizar los resultados y el beneficio en la atención de los pacientes.

Objetivos

Objetivo general

Analizar los aportes de la tomografía por emisión de positrones (PET) más allá de la oncología, destacando su relevancia diagnóstica en patologías neurológicas, inflamatorias e infecciosas, así como su impacto en la toma de decisiones clínicas y en el beneficio integral del paciente.

Objetivos específicos

  1. Describir las principales aplicaciones de la tomografía por emisión de positrones (PET) en epilepsia, demencias y trastornos del movimiento.
  2. Identificar el rol del PET en la evaluación de procesos inflamatorios e infecciosos, incluyendo vasculitis, sarcoidosis, afecciones articulares y enfermedad relacionada con IgG4.
  3. Analizar los patrones metabólicos característicos asociados a los distintos grupos de patologías no oncológicas estudiadas.
  4. Revisar la evidencia científica disponible en relación con la sensibilidad, especificidad y rendimiento diagnóstico del PET en indicaciones no oncológicas.
  5. Sintetizar el aporte del PET en términos de precisión diagnóstica, planificación terapéutica y seguimiento clínico, destacando su impacto en la atención del paciente.

Antecedentes

El desarrollo de la tomografía por emisión de positrones (PET) como herramienta diagnóstica ha evolucionado de manera significativa desde su incorporación a la práctica clínica. Si bien sus aplicaciones iniciales se centraron de manera predominante en el ámbito oncológico, el avance tecnológico, la disponibilidad de modalidades híbridas y la expansión del conocimiento fisiopatológico han permitido demostrar su utilidad en múltiples áreas no oncológicas de la medicina.

En el campo de la neurología, diversos estudios han consolidado el rol del PET como método de alto rendimiento diagnóstico. En epilepsia, trabajos recientes, como el de Sriwastwa et al. (2025), han destacado el valor del PET interictal con ¹⁸F-FDG para la localización del foco epileptógeno, en particular en pacientes con resonancia magnética normal o con hallazgos estructurales sutiles, reforzando su importancia en la evaluación prequirúrgica.

En el estudio de las demencias, la publicación de Brown et al. (2014) evidenció la presencia de patrones metabólicos característicos que permiten diferenciar entre enfermedad de Alzheimer, demencia frontotemporal y demencia con cuerpos de Lewy, consolidando al PET como una herramienta esencial para el diagnóstico diferencial precoz de estas entidades.

En relación con los procesos inflamatorios e infecciosos, múltiples investigaciones han demostrado la elevada sensibilidad del PET para detectar actividad inflamatoria activa en diversas patologías sistémicas. Entre ellas se incluyen la sarcoidosis, las enfermedades articulares inflamatorias, la endocarditis infecciosa, la fiebre de origen desconocido y la enfermedad relacionada con IgG4. En este contexto, el trabajo de Oyama-Manabe et al. (2018) puso de manifiesto el rol crítico del PET en la evaluación de vasculitis y pseudotumores inflamatorios vasculares, mientras que el trabajo de White et al. (2016) describió de forma detallada las manifestaciones articulares benignas y no infecciosas que pueden presentar captación aumentada y simular patología infecciosa.

Este conjunto de antecedentes científicos respalda la necesidad de considerar al PET como una herramienta diagnóstica transversal, capaz de aportar información metabólica relevante en un amplio espectro de patologías no oncológicas. La integración sistemática de esta evidencia resulta fundamental para optimizar su utilización clínica y fortalecer su rol dentro del diagnóstico por imágenes, más allá de su aplicación tradicional en oncología.

Marco teórico

  1. Introducción al PET: principios físicos y bioquímicos

La tomografía por emisión de positrones (PET) constituye una de las herramientas más avanzadas dentro del diagnóstico por imágenes contemporáneo, al permitir la evaluación in vivo de procesos metabólicos, funcionales y moleculares. Su fundamento físico se basa en la detección de los fotones generados tras la aniquilación de un positrón que es emitido por un radionúclido al colisionar con un electrón presente en el tejido (paciente). Este fenómeno produce dos fotones de 511 keV que se emiten en direcciones opuestas (180°), que son detectados de manera casi simultánea por el sistema (detectores), permitiendo reconstruir la distribución tridimensional del radiofármaco administrado dentro del organismo.

Desde el punto de vista bioquímico, la información obtenida mediante PET depende del comportamiento del radiofármaco utilizado y de su interacción con los procesos fisiológicos o patológicos del tejido estudiado. El radiotrazador más empleado, el ¹⁸F-fluorodesoxiglucosa (¹⁸F-FDG), se comporta como un análogo de la glucosa y refleja el metabolismo glucolítico celular, lo que explica su amplia aplicabilidad tanto en oncología como en enfermedades neurológicas, inflamatorias e infecciosas. Otros radiofármacos permiten explorar sistemas neuroquímicos específicos, perfusión tisular o expresión de receptores, ampliando el espectro diagnóstico del PET.

La integración del PET con modalidades anatómicas, como la tomografía computada o la resonancia magnética, ha potenciado de forma significativa su valor clínico. En particular, el componente de tomografía computada aporta información anatómica de alta resolución, permite la corrección por atenuación y mejora la localización espacial de las áreas de captación metabólica, facilitando una interpretación más precisa de los hallazgos. De manera complementaria, la resonancia magnética ofrece una excelente caracterización de tejidos blandos y resulta especialmente útil en aplicaciones neurológicas y pediátricas.

Asimismo, la posibilidad de cuantificar la captación del radiofármaco mediante parámetros semicuantitativos, como el standardized uptake value (SUV), ha permitido estandarizar la evaluación metabólica, comparar estudios en el tiempo y establecer criterios objetivos para la interpretación de los resultados. Esta capacidad cuantitativa representa una de las principales fortalezas del PET frente a otras modalidades de imagen funcional.

La combinación de información metabólica con datos anatómicos ha consolidado al PET, en especial en sus modalidades híbridas, como una herramienta indispensable no solo en el ámbito oncológico, sino también en una amplia variedad de escenarios no oncológicos. Su aplicación resulta en particular valiosa en situaciones donde es necesario evaluar actividad inflamatoria, infecciosa, perfusional, ósea o neuroquímica, posicionando al PET como un método central dentro del diagnóstico por imágenes moderno.

Figura 1. Esquema que grafica cómo un positrón emitido por el radiofármaco se aniquila con un electrón del medio (cuerpo del paciente) emitiendo dos fotones de 511 keV en direcciones opuestas. Estos fotones serán detectados por el escáner. Fuente: elaboración propia.
  1. Radiofármacos utilizados en PET y bases fisiopatológicas de la captación

Los radiofármacos empleados en tomografía por emisión de positrones (PET) se caracterizan por presentar mecanismos de captación específicos que permiten evaluar procesos metabólicos, funcionales o moleculares, actuando como verdaderos biomarcadores in vivo. La información obtenida a partir de su distribución tisular no depende solo de la anatomía, sino fundamentalmente de la fisiopatología subyacente, lo que confiere al PET un valor diferencial frente a las técnicas puramente morfológicas.

El radiofármaco más utilizado en la práctica clínica es el ¹⁸F-fluorodesoxiglucosa (¹⁸F-FDG), un análogo de la glucosa cuyo transporte celular se realiza a través de los transportadores GLUT y cuya posterior fosforilación intracelular determina su atrapamiento metabólico. Este mecanismo refleja el metabolismo glucolítico celular y explica su elevada sensibilidad para detectar tejidos con aumento de la actividad metabólica. Si bien su uso se asocia históricamente al diagnóstico, estadificación y seguimiento de enfermedades oncológicas, el FDG ha demostrado una utilidad significativa en múltiples escenarios no oncológicos, incluyendo procesos inflamatorios, infecciosos, neurológicos y cardiovasculares, donde existe activación celular y aumento del consumo de glucosa.

El desarrollo de aplicaciones no oncológicas del PET ha impulsado la disponibilidad y utilización de otros radiofármacos con mecanismos de captación más específicos. Entre ellos, el ¹⁸F-fluoruro de sodio (¹⁸F-NaF) actúa como marcador de recambio óseo, incorporándose a la matriz mineral en áreas de actividad osteoblástica aumentada, lo que lo convierte en una herramienta de alto rendimiento en patologías osteometabólicas, traumatológicas e inflamatorias. En el ámbito cardiovascular, radiofármacos perfusionales, como el ¹³N-amoníaco y el ⁸²Rb, permiten evaluar la perfusión miocárdica regional y detectar áreas de isquemia o alteraciones de la microcirculación coronaria. En neurología, diversos trazadores neuroquímicos, como el ¹⁸F-DOPA, el ¹¹C-metomida y otros compuestos marcados con carbono o flúor, posibilitan el estudio de la neurotransmisión, los circuitos dopaminérgicos y el metabolismo cerebral, ampliando las aplicaciones del PET en trastornos del movimiento, epilepsia y enfermedades neurodegenerativas.

Desde el punto de vista de la producción, la mayoría de los radiofármacos utilizados en PET se obtienen a partir de un ciclotrón. En este dispositivo, partículas cargadas son aceleradas en trayectorias circulares bajo la acción de un campo electromagnético, incrementando progresivamente su energía. Al impactar sobre un blanco constituido por un elemento estable, se produce una reacción nuclear en la cual el núcleo excitado emite nucleones y radiación gamma, dando origen a radionúclidos de vida media corta. Entre los radionúclidos más utilizados se encuentran el ¹¹C, el ¹³N, el ¹⁵O y el ¹⁸F, cuyas características físicas determinan tanto sus aplicaciones clínicas como las exigencias logísticas asociadas a su producción y distribución.

La fisiopatología aplicada al diagnóstico por PET explica la utilidad del método en escenarios no oncológicos. En los procesos inflamatorios e infecciosos, la activación de neutrófilos y macrófagos se asocia a un incremento del metabolismo glucolítico y a una mayor expresión de transportadores GLUT, lo que genera una captación aumentada de FDG en los tejidos afectados. En el tejido óseo, el aumento del recambio mineral y de la actividad osteoblástica determina una mayor incorporación de trazadores específicos, como el ¹⁸F-NaF. En el miocardio, las variaciones regionales de perfusión y metabolismo permiten evaluar viabilidad, inflamación o daño isquémico mediante radiofármacos perfusionales y metabólicos. En neurología, la captación de los radiofármacos refleja de manera indirecta la actividad sináptica, el flujo sanguíneo cerebral, el consumo metabólico y la expresión de dianas moleculares, dando lugar a patrones característicos en patologías como la epilepsia, los trastornos del movimiento y las demencias.

La integración del PET con modalidades anatómicas, como la tomografía computada y la resonancia magnética, potencia aún más su valor diagnóstico. Mientras que el PET/CT continúa siendo la plataforma más difundida por su disponibilidad y rapidez, el PET/RM ofrece ventajas adicionales en determinadas aplicaciones, especialmente en neurología, al proporcionar una excelente caracterización de los tejidos blandos, reducir la dosis de radiación y permitir una correlación anatómico-funcional más precisa. En conjunto, estas modalidades híbridas refuerzan el rol del PET como herramienta central dentro del diagnóstico por imágenes moderno.

En síntesis, la imagen obtenida mediante PET es la expresión directa de la fisiopatología subyacente: los cambios celulares y tisulares modifican la distribución del radiofármaco y permiten visualizar procesos funcionales que permanecen ocultos para las técnicas puramente morfológicas. Esta característica constituye la base de su creciente utilidad clínica más allá del campo oncológico.

Figura 2. La ilustración muestra el mecanismo de captación de 18F-FDG a través de la membrana celular. La 18F-FDG entra en la célula mediante difusión facilitada o transporte activo secundario. Tras ser fosforilada por la hexoquinasa, la FDG-6-fosfato (FDG-6-PO₄) no puede participar en el ciclo de Krebs ni salir de la célula, lo que resulta en un aumento de la intensidad de la señal en las células metabólicamente activas. Fuente: https://pubs.rsna.org/doi/10.1148/rg.2018180072.
  1. Limitaciones, artefactos y consideraciones técnicas

La tomografía por emisión de positrones (PET), al igual que cualquier técnica de diagnóstico por imágenes, presenta limitaciones inherentes tanto a sus principios físicos como a la interacción de los radiofármacos con procesos fisiológicos y patológicos no específicos. El correcto reconocimiento de estas limitaciones resulta fundamental para evitar errores interpretativos y optimizar el rendimiento diagnóstico del método, en especial en escenarios no oncológicos.

Uno de los principales aspectos a considerar es la variabilidad de los parámetros semicuantitativos, en particular del standardized uptake value (SUV). Este índice puede verse influido por múltiples factores técnicos, como los algoritmos de reconstrucción utilizados, la calibración del equipo, el tiempo transcurrido entre la inyección del radiofármaco y la adquisición de la imagen, así como por factores biológicos del paciente, entre los que se incluyen la glucemia, el estado inflamatorio sistémico, el índice de masa corporal y la composición corporal. En patologías no oncológicas, donde los cambios metabólicos pueden ser más sutiles, estas variaciones adquieren una relevancia aún mayor y requieren una interpretación cuidadosa dentro del contexto clínico.

Asimismo, la captación fisiológica del ¹⁸F-fluorodesoxiglucosa (¹⁸F-FDG) en tejidos con alta actividad metabólica constituye una fuente frecuente de dificultad diagnóstica. Órganos como el cerebro, el miocardio, el músculo esquelético y el tejido adiposo pardo presentan captación fisiológica variable, lo que puede superponerse con hallazgos patológicos y generar falsos positivos o interpretaciones equívocas. La adecuada preparación del paciente, incluyendo el control glucémico, el reposo previo al estudio y, en determinadas indicaciones, protocolos específicos de supresión metabólica, resulta esencial para minimizar estas limitaciones.

Desde el punto de vista técnico, los artefactos relacionados con la corrección por atenuación pueden dar lugar a áreas de captación artificialmente aumentada o disminuida. Estos artefactos son particularmente frecuentes en presencia de materiales de alta densidad, como prótesis metálicas, stents, marcapasos o material ortopédico, y pueden simular o enmascarar patología. A ello se suman los artefactos por movimiento, tanto respiratorio como voluntario, así como la actividad muscular involuntaria, que pueden generar desalineaciones entre las imágenes funcionales y anatómicas y comprometer la calidad diagnóstica.

La modalidad anatómica complementaria también aporta sus propias limitaciones. En el PET/CT, la tomografía computada puede presentar artefactos por metal, variabilidad relacionada con el uso o no de contraste endovenoso y dificultades en pacientes poco cooperadores o con alteraciones anatómicas complejas. En el PET/RM, si bien se logra una excelente caracterización de tejidos blandos y una reducción significativa de la dosis de radiación, existen desafíos técnicos asociados a la corrección por atenuación basada en resonancia magnética, así como limitaciones relacionadas con el tiempo de adquisición y la susceptibilidad a artefactos por movimiento.

En este contexto, la interpretación adecuada de un estudio PET requiere siempre la integración de los hallazgos metabólicos con la información anatómica disponible, el conocimiento de los mecanismos de captación del radiofármaco y una correcta correlación clínico-radiológica. El reconocimiento de las limitaciones y artefactos propios del método no solo evita interpretaciones erróneas, sino que constituye un requisito indispensable para maximizar el valor diagnóstico del PET dentro del enfoque integral del diagnóstico por imágenes.

Enfoque metodológico

El presente trabajo adopta un enfoque metodológico cualitativo, de tipo descriptivo y analítico, basado en la revisión, selección y análisis crítico de literatura científica relevante relacionada con el rol de la tomografía por emisión de positrones (PET) en aplicaciones no oncológicas. Dado que el objetivo principal es analizar el aporte del diagnóstico molecular y funcional en diversos escenarios clínicos, se optó por un diseño documental que permite integrar evidencia proveniente de artículos científicos originales, revisiones narrativas y sistemáticas, guías clínicas y material técnico de referencia en el campo del diagnóstico por imágenes y la medicina nuclear.

Este enfoque metodológico resulta adecuado para explorar y contextualizar el valor del PET como herramienta diagnóstica transversal, considerando tanto sus fundamentos fisiopatológicos como su impacto en la práctica clínica. La inclusión de distintas modalidades híbridas, como PET/CT y PET/RM, permite abordar el método desde una perspectiva integral, destacando el rol del PET como componente central y la contribución de las técnicas anatómicas complementarias en la correcta interpretación de los hallazgos.

  1. Diseño del estudio

Se llevó a cabo una revisión narrativa con análisis crítico, orientada a describir, sintetizar y comparar los aportes del PET en diferentes áreas clínicas no oncológicas, en particular en neurología, procesos inflamatorios e infecciosos, y otras aplicaciones emergentes. Este tipo de diseño metodológico es especialmente apropiado cuando se busca comprender en profundidad un fenómeno complejo, integrando conocimientos provenientes de múltiples disciplinas y resaltando patrones comunes, indicaciones clínicas, beneficios y limitaciones del método.

El trabajo no tiene como objetivo establecer medidas de eficacia cuantitativa ni realizar un metaanálisis estadístico, sino analizar el estado actual del conocimiento disponible y su aplicación clínica, apoyándose en fuentes de alto nivel académico y relevancia científica. De este modo, se prioriza una interpretación crítica de la evidencia, contextualizada dentro del diagnóstico por imágenes, con énfasis en el impacto del PET en la toma de decisiones clínicas y en el beneficio del paciente.

  1. Fuentes de información y criterios de selección

La evidencia utilizada para el desarrollo del presente estudio provino de fuentes científicas y académicas de reconocido prestigio en el ámbito de la medicina nuclear, la radiología y el diagnóstico por imágenes. La selección del material bibliográfico se orientó a reunir información actualizada y conceptualmente relevante que permitiera analizar de manera crítica el rol de la tomografía por emisión de positrones (PET) en aplicaciones clínicas no oncológicas, así como su integración con modalidades anatómicas complementarias, como la tomografía computada y la resonancia magnética.

Las principales fuentes de información incluyeron artículos científicos publicados en revistas indexadas de alto impacto, revisiones narrativas y sistemáticas, guías clínicas y publicaciones académicas que describen aplicaciones específicas del PET en neurología, enfermedades inflamatorias, procesos infecciosos, patología vascular inmunomediada, afecciones osteoarticulares benignas y escenarios emergentes como la evaluación de la respuesta inmunitaria. Asimismo, se incorporó material técnico y conceptual proveniente de manuales y textos de referencia en medicina nuclear y diagnóstico por imágenes, con el fin de reforzar los fundamentos fisiopatológicos y técnicos del método.

Los criterios de inclusión contemplaron publicaciones que evaluaran el uso del PET, en sus distintas modalidades híbridas (PET/CT y PET/RM), en aplicaciones no oncológicas. Se priorizaron aquellos trabajos que aportaran evidencia clínica relevante, describieran patrones metabólicos característicos, establecieran correlaciones fisiopatológicas claras o demostraran utilidad diagnóstica en la práctica clínica. Asimismo, se consideraron materiales actualizados o de alto valor conceptual para la interpretación funcional de las imágenes y la comprensión de los mecanismos de captación de los radiofármacos.

Como criterios de exclusión se definieron aquellos estudios con un enfoque exclusivamente oncológico sin posibilidad de extrapolación a escenarios no oncológicos, así como publicaciones que presentaran un rigor metodológico insuficiente o una descripción poco clara de los hallazgos y su relevancia clínica. También se excluyeron reportes anecdóticos o comunicaciones aisladas que no aportaran un valor significativo para la síntesis conceptual y el análisis crítico propuesto en el presente trabajo.

  1. Procesamiento y análisis de la información

La información recopilada fue analizada mediante un enfoque categorial y temático, organizándose según áreas clínicas representativas en las cuales la tomografía por emisión de positrones (PET) ha demostrado un aporte significativo más allá del ámbito oncológico. Las principales categorías de análisis incluyeron la neurología, las enfermedades inflamatorias sistémicas, la patología vascular inmunomediada, el sistema osteoarticular benigno y los escenarios vinculados a la respuesta inmunitaria y la inmunoterapia.

Cada uno de los artículos seleccionados fue examinado de manera crítica en función de diversos ejes analíticos, que incluyeron el fundamento fisiopatológico que sustenta el uso del PET, los patrones metabólicos o funcionales descritos, la utilidad diagnóstica del método en el contexto clínico correspondiente y el impacto de los hallazgos en la toma de decisiones terapéuticas. Asimismo, se consideraron los principales aportes y limitaciones metodológicas de cada publicación, con el objetivo de valorar la calidad de la evidencia y su aplicabilidad clínica.

Este proceso de análisis permitió integrar los hallazgos en una narrativa coherente y comparativa, identificando funciones compartidas del PET en distintas patologías y destacando su valor transversal como herramienta de diagnóstico molecular. La integración de información proveniente de diferentes áreas clínicas puso de manifiesto patrones fisiopatológicos comunes que explican la utilidad del PET en escenarios diversos, independientemente de la etiología específica de la enfermedad.

  1. Alcances y limitaciones del enfoque

El enfoque de revisión narrativa adoptado en el presente trabajo ofrece la ventaja de integrar conocimientos provenientes de distintas disciplinas en un marco interpretativo amplio y clínicamente aplicable. Este método permitió identificar similitudes funcionales en contextos clínicos heterogéneos y evidenciar cómo el PET aporta información metabólica y funcional que complementa, y en determinados escenarios supera, a las técnicas de imagen puramente anatómicas.

No obstante, este enfoque presenta limitaciones inherentes. La ausencia de un metaanálisis impide la obtención de medidas cuantitativas de sensibilidad, especificidad o valor predictivo. Asimismo, si bien la selección de fuentes bibliográficas fue rigurosa, es posible que no abarque la totalidad del espectro de literatura disponible a nivel global. Por último, la interpretación de los resultados depende en parte del análisis crítico del autor y de la calidad metodológica de los estudios incluidos.

A pesar de estas limitaciones, el enfoque metodológico empleado resulta adecuado para un trabajo cuyo objetivo principal es comprender, integrar y contextualizar la utilidad del PET más allá de la oncología, proporcionando una visión clínica y fisiopatológica profunda del método dentro del diagnóstico por imágenes.

  1. Consideraciones éticas

Dado que el presente estudio se basó exclusivamente en el análisis de literatura científica y documentos académicos de acceso público, no fue necesaria la aprobación por parte de un comité de ética. No se utilizaron datos personales de pacientes ni imágenes clínicas identificables, garantizando el cumplimiento de los principios éticos y de confidencialidad en la investigación científica.

Desarrollo

Aplicaciones del PET en neurología

Epilepsia y valoración prequirúrgica

La tomografía por emisión de positrones cerebral con ¹⁸F-fluorodesoxiglucosa (¹⁸F-FDG) constituye una herramienta de alto valor en la evaluación de pacientes con epilepsia refractaria candidatos a tratamiento quirúrgico. Su utilidad clínica se fundamenta en la capacidad de identificar áreas de hipometabolismo interictal, las cuales actúan como marcadores funcionales de la zona epileptogénica, incluso en ausencia de alteraciones estructurales evidentes.

Diversos estudios, entre ellos el análisis reciente de Sriwastwa et al. (2025), han demostrado que el PET con FDG presenta una sensibilidad superior a la resonancia magnética convencional en la detección de epilepsias del lóbulo temporal, en particular en aquellos pacientes con resonancia magnética normal o con hallazgos sutiles. En estos casos, el PET no solo permite localizar el foco epileptogénico, sino que también aporta información lateralizadora confiable, reforzando la correlación con los hallazgos electroencefalográficos.

La denominada “firma metabólica” de la epilepsia refractaria se caracteriza por la presencia de hipometabolismo focal en la región epileptogénica primaria, acompañado en ocasiones por áreas de hipometabolismo secundarias relacionadas con vías de propagación de la descarga epileptiforme. Este patrón metabólico constituye un biomarcador funcional robusto para la selección de candidatos quirúrgicos y para la planificación de estudios invasivos, ya que orienta de manera precisa la colocación de electrodos intracraneales.

La evidencia disponible destaca que el PET debe interpretarse siempre dentro de un enfoque multimodal, complementando la información aportada por la resonancia magnética y el electroencefalograma. En este sentido, Sriwastwa et al. subrayan la importancia de la discusión de los hallazgos en el marco de un comité interdisciplinario de epilepsia, donde la integración de datos clínicos, electrofisiológicos y de imagen permite maximizar la precisión diagnóstica. Asimismo, múltiples estudios han demostrado que la resección quirúrgica de las regiones hipometabólicas correctamente identificadas mediante PET se asocia con mayores tasas de libertad de crisis y mejores resultados funcionales a largo plazo.

Figura 3. Crisis parciales complejas refractarias al tratamiento médico en una mujer de 61 años. (A) La imagen axial de RM FLAIR ponderada en T2 muestra hiperintensidad cortical y subcortical focal en el lóbulo frontal izquierdo (flechas), compatible con DCF. (B) La imagen coronal de RM FLAIR muestra una sutil pérdida de volumen e hiperintensidad del hipocampo izquierdo (punta de flecha), lo que sugiere cambios tempranos del MTS izquierdo. (C) La imagen coronal de PET con FDG (imagen derecha) muestra hipometabolismo focal frontal izquierdo (flecha), que corresponde a la DCF vista en la RM coronal (imagen izquierda). (D) La imagen coronal de PET adicional muestra hipometabolismo focal en el lóbulo temporal medial izquierdo (puntas de flecha), compatible con una segunda EZ. La semiología de las crisis y los hallazgos del EEG fueron compatibles con focos epileptogénicos frontales y temporales izquierdos. Estudios adicionales para la planificación prequirúrgica revelaron dominio del lenguaje hemisférico izquierdo y lateralización de la memoria bihemisférica que fueron mayores en el lado izquierdo que en el derecho. La resección quirúrgica de las lesiones se pospuso debido a la afectación significativa de la corteza cerebral (determinada en una consulta multidisciplinaria). En su lugar, se derivó al paciente para la colocación de un dispositivo de estimulación del nervio vago. Fuente: https://pubs.rsna.org/doi/10.1148/rg.240062.

Demencias y deterioro cognitivo

El PET con ¹⁸F-FDG desempeña un rol central en la evaluación del deterioro cognitivo y en el diagnóstico diferencial de las principales demencias neurodegenerativas, al permitir la identificación de patrones metabólicos característicos que reflejan la fisiopatología subyacente de cada entidad. A diferencia de las técnicas estructurales, el PET es capaz de detectar alteraciones funcionales en etapas tempranas de la enfermedad, cuando los cambios anatómicos aún son mínimos o inexistentes.

Brown et al. (2014) describen de manera detallada los perfiles hipometabólicos distintivos de las demencias más frecuentes. En la enfermedad de Alzheimer, el PET con FDG muestra un compromiso predominante de las regiones parietotemporales posteriores, el precúneo y la corteza posterior del cíngulo. En la demencia frontotemporal, el patrón típico se caracteriza por un hipometabolismo frontal y temporal anterior, a menudo asimétrico, con relativo respeto de las regiones posteriores. Por su parte, la demencia con cuerpos de Lewy presenta una afectación occipital característica, asociada a la preservación relativa del cíngulo posterior, conocida como el “signo del cíngulo”, hallazgo que permite diferenciarla de la enfermedad de Alzheimer con alta especificidad.

Desde el punto de vista clínico, el FDG-PET ofrece un valor diagnóstico significativo, incluso en fases iniciales del deterioro cognitivo, cuando la sintomatología puede ser inespecífica y la resonancia magnética no evidencia atrofia cortical marcada. La identificación temprana de patrones metabólicos característicos permite optimizar el manejo terapéutico, orientar la consejería familiar y anticipar la evolución funcional del paciente, favoreciendo una intervención más precoz y personalizada.

En este contexto, el PET se posiciona como una herramienta complementaria esencial a la resonancia magnética en el estudio de las demencias, aportando información fisiopatológica que mejora sustancialmente la precisión diagnóstica y contribuye a una mejor toma de decisiones clínicas.

Figura 4. Enfermedad de Alzheimer. Las imágenes PET FDG en escala de grises axial demuestran hipometabolismo bilateral en las cortezas parietotemporales (puntas de flecha) y en las cortezas cingulada posterior-precúneo (flechas), un patrón típico de la enfermedad de Alzheimer. Fuente: https://pubs.rsna.org/doi/10.1148/rg.343135065.
Figura 5. Demencia con cuerpos de Lewy. Las imágenes PET FDG en escala de grises axial muestran hipometabolismo grave bilateral prefrontal, parietal, del lóbulo temporal y de la corteza cingulada posterior-precúnea, hallazgos típicos de la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, hay hipometabolismo adicional en los lóbulos occipitales, incluida la corteza visual primaria (flecha), un hallazgo que es diagnóstico de DLB. El hipometabolismo cortical visual primario es altamente específico y moderadamente sensible para distinguir demencia con cuerpos de Lewy de la enfermedad de Alzheimer. En este caso, el metabolismo preservado en la franja sensoriomotora primaria es relativamente visible (puntas de flecha) debido al hipometabolismo en las cortezas de asociación frontal y parietal adyacentes. Fuente: https://pubs.rsna.org/doi/10.1148/rg.343135065.
Figura 6. Demencia frontotemporal. Las imágenes axiales de PET con FDG en escala de grises muestran un hipometabolismo moderado bilateral del lóbulo frontal y temporal anterior (puntas de flecha) en un patrón característico de la variante conductual de la DFT. Fuente: https://pubs.rsna.org/doi/10.1148/rg.343135065.

Trastornos del movimiento y parkinsonismos

La tomografía por emisión de positrones (PET) desempeña un rol relevante en la evaluación de los trastornos del movimiento, particularmente en el diagnóstico diferencial de los síndromes parkinsonianos, donde la superposición clínica entre la enfermedad de Parkinson idiopática y los parkinsonismos atípicos dificulta el diagnóstico en etapas tempranas. En este contexto, la información funcional aportada por el PET permite identificar patrones metabólicos característicos que reflejan disfunción neuronal regional, complementando la evaluación clínica y la resonancia magnética.

El PET con ¹⁸F-fluorodesoxiglucosa (¹⁸F-FDG) evalúa el metabolismo cerebral regional, el cual se encuentra estrechamente relacionado con la actividad neuronal. En la enfermedad de Parkinson idiopática, los estudios de FDG-PET suelen mostrar un metabolismo relativamente conservado en los ganglios basales, en particular en el putamen y el globo pálido, incluso en fases sintomáticas iniciales. Este patrón de preservación metabólica constituye un hallazgo distintivo que permite diferenciarla de los parkinsonismos atípicos, en los cuales el compromiso metabólico es más extenso y definido.

En la atrofia multisistémica (MSA), el FDG-PET demuestra hipometabolismo a nivel del putamen y/o del cerebelo, dependiendo del subtipo clínico predominante. En la forma parkinsoniana (MSA-P), se observa disminución del metabolismo en los ganglios basales, mientras que en la forma cerebelosa (MSA-C) predomina el compromiso metabólico del cerebelo y de los pedúnculos cerebelosos. Estos hallazgos reflejan la degeneración estriatonigral y olivopontocerebelosa característica de la enfermedad y permiten diferenciarla de la enfermedad de Parkinson idiopática, donde estas regiones suelen mantener una captación conservada.

La parálisis supranuclear progresiva (PSP) presenta un patrón metabólico característico, con hipometabolismo en regiones frontales mediales, ganglios basales y mesencéfalo. Este patrón se correlaciona con la afectación predominante del tronco encefálico y de los circuitos frontoestriatales, y resulta de utilidad para diferenciarla tanto de la enfermedad de Parkinson idiopática como de otros parkinsonismos atípicos.

En el síndrome corticobasal, el FDG-PET se caracteriza por un hipometabolismo asimétrico que compromete la corteza frontoparietal y los ganglios basales, por lo general contralateral al lado clínicamente más afectado. Este patrón asimétrico constituye un hallazgo distintivo y se correlaciona con la presentación clínica focal y la disfunción cortical asociada a esta entidad.

Estos perfiles metabólicos, cuando son interpretados en conjunto con la clínica y los hallazgos estructurales, constituyen verdaderos fenotipos metabólicos, que permiten orientar el diagnóstico con mayor precisión que las técnicas anatómicas aisladas. Si bien el FDG-PET no es una herramienta diagnóstica única ni excluyente, su capacidad para demostrar patrones específicos de disfunción neuronal aporta información de alto valor clínico en escenarios donde la resonancia magnética puede ser normal o mostrar hallazgos inespecíficos.

Además del FDG, el PET y otras técnicas de imagen molecular permiten evaluar aspectos específicos de la neurotransmisión dopaminérgica y de la patología asociada, como la pérdida de transportadores dopaminérgicos o la presencia de depósito amiloide en determinados cuadros. Aunque estos radiofármacos no constituyen el eje central del presente trabajo, su integración refuerza el concepto de un abordaje multimodal en la evaluación de los parkinsonismos.

Desde el punto de vista clínico, la identificación de patrones metabólicos característicos mediante PET contribuye a diferenciar la enfermedad de Parkinson idiopática de los parkinsonismos atípicos, optimizando la toma de decisiones terapéuticas y evitando tratamientos ineficaces o potencialmente perjudiciales. Asimismo, el PET aporta información pronóstica relevante al permitir anticipar la evolución clínica y funcional, lo que resulta fundamental para la planificación del seguimiento y la adecuada orientación del paciente y su entorno.

En conjunto, el PET se consolida como una herramienta complementaria de alto valor en el estudio de los trastornos del movimiento, integrándose a la evaluación clínica y a la resonancia magnética para ofrecer una aproximación diagnóstica más precisa y fisiopatológicamente fundamentada.

Figura 7. Enfermedad de Parkinson idiopática. La imagen axial FLAIR de RM muestra hiperintensidades sobre sustancia blanca periventricular y subcortical en relación con enfermedad vascular crónica de pequeños vasos. La imagen PET con FDG muestra hipometabolismo parietal (flechas) y actividad preservada de ganglios basales. Esta preservación metabólica en ganglios basales es una características de imagen definitoria de la enfermedad de Parkinson y permite la diferenciación de la parálisis supranuclear progresiva como de la atrofia multisistémica (ambas demuestran actividad reducida en ganglios basales). Fuente: https://pubs.rsna.org/doi/10.1148/rg.345140009.
Figura 8. Parálisis supranuclear progresiva. Imagen RM axial T2 muestra atrofia selectiva del mesencéfalo con preservación relativa de pedúnculos cerebrales. Imagen RM T1 sagital muestra el “signo del colibrí”, creado por la atrofia del tegmento mesencefálico y preservación pontina. Imagen Axial PET FDG muestra hipometabolismo frontal y gangliobasal, a predominio derecho. Fuente: https://pubs.rsna.org/doi/10.1148/rg.345140009.

Aplicaciones del PET en el sistema osteoarticular

Hallazgos articulares y periarticulares benignos

Si bien la utilización del PET en patología osteoarticular ha estado históricamente asociada a la detección de compromiso óseo metastásico en el contexto oncológico, la evidencia demuestra que el método permite identificar un amplio espectro de hallazgos benignos de origen inflamatorio, traumático o degenerativo. El reconocimiento adecuado de estos patrones resulta fundamental para evitar interpretaciones erróneas y falsos positivos, especialmente en estudios realizados por indicaciones no oncológicas o en pacientes con antecedentes complejos.

White et al. (2016) describen de manera detallada múltiples patrones de captación metabólica benigna en el sistema osteoarticular y periarticular observables en estudios PET con ¹⁸F-fluorodesoxiglucosa. Entre los hallazgos más frecuentes se incluyen el aumento metabólico en bursitis, en particular en la bursa subacromial y trocantérica, así como la captación asociada a tendinopatías y entesopatías, donde la inflamación local y el proceso reparativo determinan un incremento del metabolismo glucolítico. Asimismo, la osteoartrosis puede manifestarse con focos de hipercaptación, en especial en áreas de remodelación ósea activa, lo que refleja la actividad metabólica de los tejidos involucrados en el proceso degenerativo.

Los procesos traumáticos, tanto agudos como crónicos, también pueden mostrar hipermetabolismo localizado en PET, en relación con la respuesta inflamatoria y la actividad de reparación tisular. En todos estos escenarios, el FDG se acumula debido al aumento de la actividad metabólica de fibroblastos, macrófagos y otras células implicadas en la inflamación y la reparación, un mecanismo que puede simular patología maligna si no se interpreta correctamente dentro de su contexto clínico y anatómico.

Desde el punto de vista diagnóstico, estos hallazgos ponen de manifiesto un rol adicional del PET más allá de la detección de enfermedad tumoral: la correcta identificación y caracterización de procesos benignos del sistema osteoarticular. La integración de la información metabólica con la correlación anatómica proporcionada por la tomografía computada o la resonancia magnética resulta esencial para distinguir entre captaciones benignas y patológicas, evitando procedimientos invasivos innecesarios, estudios complementarios redundantes o tratamientos inapropiados.

En este sentido, el PET se consolida como una herramienta de valor en el diagnóstico por imágenes del sistema osteoarticular, no solo por su capacidad para detectar enfermedad activa, sino también por su aporte en la interpretación fisiopatológica de procesos inflamatorios y degenerativos, contribuyendo a una toma de decisiones clínicas más precisa y orientada al manejo conservador cuando corresponde.

Figura 9. Imágenes de un hombre de 52 años remitido para reestadificación de adenocarcinoma mucinoso pulmonar. (A) La imagen coronal fusionada FDG PET/CT muestra una captación intensa (flecha) en el receso axilar izquierdo. (B, C) Las imágenes coronales ponderadas en T2 (B) y eco de gradiente estropeado realzada con gadolinio (SPGR) (C) de RM saturadas en grasa muestran engrosamiento, aumento de la señal T2 y realce (flecha) de la cápsula articular glenohumeral inferior. Los ligamentos glenohumerales inferiores están retraídos con reducción del tamaño del receso axilar. Los hallazgos son compatibles con capsulitis adhesiva y se correlacionan con el dolor de hombro del paciente y el rango de movimiento limitado. Fuente: https://pubs.rsna.org/doi/10.1148/rg.2016150100.
Figura 10. Imágenes de una mujer de 79 años con marcadores paraneoplásicos elevados. Artroplastia total de rodilla derecha realizada un año antes. (A) La radiografía frontal muestra radiolucencia focal debajo de la bandeja tibial medial (flecha inferior) y adyacente al componente femoral medial (flecha superior). La imagen sagital de fusión PET/TC (B) muestran un gran derrame articular de rodilla con avidez por FDG (flecha). El análisis del líquido articular obtenido mediante artrocentesis fue compatible con infección. Fuente: https://pubs.rsna.org/doi/10.1148/rg.2016150100.

Enfermedades inflamatorias sistémicas

Sarcoidosis

La sarcoidosis es una patología inflamatoria granulomatosa multisistémica caracterizada por la formación de granulomas en diversos órganos, lo que puede generar una amplia variedad de manifestaciones clínicas. El diagnóstico y seguimiento de esta enfermedad pueden resultar desafiantes debido a la heterogeneidad de su presentación clínica y la limitación de las técnicas anatómicas convencionales, como la tomografía computada (TC) o la resonancia magnética (RM), que no siempre logran detectar alteraciones funcionales en fases tempranas de la enfermedad.

En este contexto, el PET con ¹⁸F-fluorodesoxiglucosa (¹⁸F-FDG) ha demostrado ser una herramienta fundamental para la evaluación de la sarcoidosis. Según Akaike et al. (2018), el FDG-PET ofrece ventajas considerables al permitir la detección de actividad inflamatoria en órganos donde otras modalidades de imagen presentan limitaciones, como el corazón, los huesos y el abdomen. La inflamación granulomatosa activa, incluso en etapas tempranas o de bajo grado, se refleja en una mayor captación de FDG, lo que resulta en un hallazgo metabólico crucial para identificar la presencia de enfermedad cuando los cambios morfológicos son mínimos o no evidentes en otras técnicas.

Uno de los principales aportes del FDG-PET en la sarcoidosis es su capacidad para identificar patrones atípicos de compromiso, como la afectación musculoesquelética o visceral, que suelen ser difíciles de detectar en estudios con TC o RM convencionales. Estas características son de especial importancia en casos de sarcoidosis con presentación clínica atípica o cuando los métodos estructurales no logran proporcionar información suficiente para un diagnóstico definitivo.

Además, el FDG-PET permite realizar una evaluación de la extensión sistémica de la enfermedad mediante un único estudio de cuerpo entero, lo que proporciona una visión integral de los órganos afectados y facilita la toma de decisiones terapéuticas. Esta capacidad de visualización sistémica es especialmente relevante en sarcoidosis, donde el compromiso de múltiples órganos, como los pulmones, el sistema linfático, el hígado y los riñones, puede no ser evidente en los estudios morfológicos.

Una de las aplicaciones clínicas más importantes del FDG-PET en sarcoidosis es la monitorización de la respuesta al tratamiento. El PET permite distinguir entre la enfermedad activa, que presenta una alta captación de FDG debido a la inflamación granulomatosa, y los cambios residuales fibróticos, que pueden mostrar captación más baja o nula. Esto permite una mejor evaluación de la eficacia de los corticosteroides o inmunomoduladores, y ajusta el tratamiento en función de la actividad de la enfermedad.

La utilidad clínica del PET en sarcoidosis no solo radica en la detección de actividad inflamatoria, sino también en su capacidad para guiar la indicación de terapias específicas y en la adaptación de tratamientos de mantenimiento, ajustados a la actividad de la enfermedad, contribuyendo así a una gestión más personalizada y precisa.

Figura 11. Inflamación sarcoidea activa en una mujer de 40 años. La imagen de la izquierda, vertical de eje largo obtenida mediante PET/CT con FDG cardiaca, muestra captación del radiotrazador (flecha) en la pared anterior del ventrículo izquierdo. La imagen coronal oblicua de TC cardiaca en MIP obtenida durante el mismo examen muestra una lesión hepática con marcada captación de FDG (punta de flecha) y pequeños ganglios linfáticos mediastinales (flechas), hallazgos compatibles con inflamación activa debida a sarcoidosis conocida. Fuente: https://pubs.rsna.org/doi/10.1148/rg.2018180053.
Figura 12. Sarcoidosis en una mujer de 49 años que presentó inicio agudo de diplopia severa, ataxia y vértigo. La imagen de RM ponderada en T1 con contraste, en plano coronal muestra realce leptomeníngeo (flechas) en cerebelo. La imagen coronal PET FDG muestra captación intensa y difusa del radiotrazador (flecha) en cerebelo. Se observan ganglios linfáticos axilares (puntas de flecha) y ganglios mesentéricos (círculo) hipermetabólicos. Se realizó biopsia ganglionar axilar y se estableció el diagnóstico de sarcoidosis. Nota: la captación en el antebrazo derecho representa contaminación. Fuente: https://pubs.rsna.org/doi/10.1148/rg.2018180053.
Figura 13. Sarcoidosis sistémica en una mujer de 37 años. La imagen inicial pretratamiento del lado izquierdo, en plano coronal, demuestra linfadenopatía hipermetabólica a nivel del mediastino, hilios pulmonares, abdomen y la pelvis. El aumento de la captación de la FDG en hígado y en bazo sugieren afectación por sarcoidosis. La imagen coronal del lado derecho postratamiento demuestra resolución de los focos hipermetabólicos, en consonancia con la resolución de la inflamación activa. Fuente: https://pubs.rsna.org/doi/10.1148/rg.2018180053.

Enfermedad cardiovascular inmunomediada

Enfermedad relacionada con IgG4

La enfermedad relacionada con IgG4 constituye una entidad inflamatoria sistémica de base inmunomediada, que puede comprometer múltiples órganos, incluyendo el sistema cardiovascular. En particular, la afectación de grandes y medianos vasos se manifiesta mediante procesos inflamatorios de la pared vascular, cuyo diagnóstico y seguimiento representan un desafío significativo para las técnicas de imagen convencionales. En este contexto, la tomografía por emisión de positrones (PET) con ¹⁸F-fluorodesoxiglucosa (¹⁸F-FDG) adquiere un rol central, dado que la obtención de biopsias de pared vascular suele ser compleja o inviable.

Oyama-Manabe et al. (2018) describen hallazgos característicos de la enfermedad relacionada con IgG4 en estudios PET, destacando la presencia de captación aumentada de FDG a nivel de la pared vascular en casos de aortitis y periaortitis, generalmente asociada a un engrosamiento concéntrico visible en las imágenes anatómicas. Esta captación metabólica refleja inflamación activa y permite diferenciarla de cambios estructurales crónicos o degenerativos. Asimismo, el compromiso de ramas vasculares principales, como las arterias subclavias, ilíacas y mesentéricas, puede evidenciarse como engrosamiento parietal con hipermetabolismo, configurando un patrón sugestivo de vasculitis inmunomediada.

Un aspecto clínicamente relevante señalado por estos autores es la asociación de la enfermedad relacionada con IgG4 con la formación de aneurismas inflamatorios, observados en una proporción significativa de los pacientes. El PET permite identificar actividad inflamatoria en la pared aneurismática, aportando información clave para la estratificación del riesgo y la planificación terapéutica. Además, el compromiso coronario, en forma de coronaritis o pseudotumores periarteriales, puede ser detectado mediante PET gracias a la captación metabólica perivascular, lo que facilita la diferenciación entre inflamación activa y aterosclerosis, entidades con implicancias terapéuticas muy diferentes.

Desde el punto de vista clínico, el PET ofrece ventajas adicionales al permitir una evaluación sistémica de todos los territorios vasculares en un único estudio de cuerpo entero, aspecto en particular valioso en una enfermedad de comportamiento multifocal. Asimismo, su capacidad para distinguir entre inflamación activa y fibrosis residual resulta fundamental para orientar el inicio de tratamiento con corticoides o inmunomoduladores y para monitorizar la respuesta terapéutica. La disminución de la captación de FDG en controles evolutivos se correlaciona con una respuesta clínica favorable, mientras que la persistencia del hipermetabolismo sugiere actividad inflamatoria residual o recaída.

En este sentido, el PET se consolida como una herramienta diagnóstica y de seguimiento indispensable en el abordaje de la enfermedad cardiovascular relacionada con IgG4, aportando información funcional que complementa los hallazgos anatómicos y permite una toma de decisiones clínicas más precisa y personalizada.

Figura 14. Aortitis y periaortitis relacionadas con IgG4 en un hombre de 69 años. Las imágenes axiales de TC en fase retardada con contraste muestran un engrosamiento de la pared que realza en forma homogéneas sobre las arterias subclavia y braquiocefálica izquierdas (flechas en primera imagen de la izquierda), como también a nivel de la aorta abdominal (puntas de flecha en imagen central). La imagen PET/CT con FDG coronal muestra captación focal anormal de FDG, indicativa de inflamación activa, a nivel de las arterias antes descritas. Fuente: https://pubs.rsna.org/doi/10.1148/rg.2018180049.
Figura 15. Pericarditis relacionada con IgG4 en un hombre de 43 años. La imagen axial de TC sin contraste muestra engrosamiento pericárdico (flecha) sin derrame pericárdico. La segunda imagen PET/CT con FDG muestra una captación focal de FDG en el pericardio engrosado (flecha). Fuente: https://pubs.rsna.org/doi/10.1148/rg.2018180049.

PET en inmunología e inmunoterapia: respuesta metabólica y efectos inmunomediados

La introducción de los inhibidores de puntos de control inmunitario ha modificado de manera sustancial el comportamiento biológico de numerosas enfermedades, dando lugar a patrones de respuesta terapéutica que no pueden ser evaluados de forma adecuada mediante técnicas de imagen puramente anatómicas. En este contexto, la tomografía por emisión de positrones (PET) con ¹⁸F-fluorodesoxiglucosa (¹⁸F-FDG) se ha consolidado como una herramienta clave para la evaluación funcional y metabólica de la respuesta al tratamiento, así como para la detección de efectos adversos inmunomediados.

Costa et al. (2020) describen el rol del PET como un biomarcador funcional precoz de respuesta terapéutica en pacientes sometidos a inmunoterapia. La disminución de la captación metabólica de FDG en lesiones previamente activas suele preceder a los cambios volumétricos detectables en estudios anatómicos, lo que permite identificar en forma temprana a los pacientes con buena respuesta. Esta información resulta clínicamente relevante, ya que evita suspensiones innecesarias del tratamiento o cambios terapéuticos prematuros basados exclusivamente en criterios morfológicos.

Asimismo, el PET desempeña un papel fundamental en la interpretación de patrones de respuesta atípicos asociados a la inmunoterapia, como la pseudoprogresión. Este fenómeno, caracterizado por un aumento transitorio del tamaño tumoral secundario a infiltración inflamatoria, puede simular progresión de la enfermedad en estudios estructurales. El análisis metabólico mediante PET permite diferenciar entre progresión tumoral verdadera y cambios inflamatorios inducidos por la activación del sistema inmune, al evaluar la intensidad y distribución de la captación de FDG, así como la presencia de necrosis, cavitación o modificaciones estructurales sin incremento metabólico significativo.

Otro aporte clínico relevante del PET en el contexto de la inmunoterapia es la detección precoz de eventos adversos relacionados con el sistema inmunitario (immune-related adverse events, irAE). Estos efectos secundarios, derivados de la activación inmunológica sistémica, pueden afectar múltiples órganos y presentarse incluso antes de la aparición de síntomas clínicos evidentes. El FDG-PET permite identificar patrones inflamatorios característicos, como captación difusa del colon en colitis inmunomediada, compromiso pulmonar en neumonitis inflamatoria o aumento de la captación tiroidea en tiroiditis asociada a inmunoterapia. La detección temprana de estos hallazgos posibilita intervenciones oportunas, como el inicio de tratamiento con corticoides o la suspensión temporal del fármaco, reduciendo la morbimortalidad asociada.

En conjunto, la evidencia analizada demuestra que el PET proporciona una evaluación integral del comportamiento inmunológico sistémico, actuando como un biomarcador funcional tanto de eficacia terapéutica como de seguridad. Su capacidad para integrar información metabólica, inflamatoria y clínica posiciona al PET como una herramienta indispensable en el manejo moderno de pacientes tratados con inmunoterapia.

Figura 16. Neumonitis inducida por inmunoterapia en un hombre de 62 años con carcinoma hepatocelular metastásico que se sometió a tratamientos previos sin éxito. Las imágenes A y C (MIP FDG PET y FDG PET/CT axial) muestran una lesión primaria (flechas). Las imágenes B y D (MIP FDG PET y PET/CT axial) tres meses después de la terapia con nivolumab muestran una respuesta completa (CMR). Las imágenes E, tanto en plano axial como en coronal, de CT (izquierda) y PET/CT con FDG (derecha), demuestran sendas opacidades en vidrio deslustrado, multifocales y de distribución centrolobulillar con atenuación en mosaico, en relación con neumonitis. La imagen B, posterior al tratamiento con nivolumab, muestra los mismos hallazgos. Fuente: https://pubs.rsna.org/doi/10.1148/rg.2021200093.
Figura 17. Colitis, artritis y sinovitis inducidas por inmunoterapia en un hombre de 67 años con cáncer de pulmón de células no pequeñas metastásico. A: la imagen MIP FDG PET muestra la imagen de reestadificación. Se puede observar señalado por el óvalo una imagen ganglionar hipercaptante, en relación con enfermedad mediastínica activa. La imagen B, después de la quimioterapia, muestra progreso de la enfermedad. Persiste enfermedad mediastínica activa (óvalo morado) y se observan sitios de enfermedad posquimioterapia en ganglios torácicos y abdominales (flechas rojas). C y D: imágenes postratamiento con nivolumab e ipilimumab muestran respuesta parcial sostenida, con aparición secundaria de múltiples sitios de artritis y sinovitis (óvalos rosados) e hipermetabolismo intestinal leve y difuso. E: la imagen después de la retirada de la terapia con ipilimumab muestra que los hallazgos no han resuelto. F: la imagen demuestra que los hallazgos descritos anteriormente a nivel intestinal, articular y sinovial respondieron a la terapia con esteroides. Fuente: https://pubs.rsna.org/doi/10.1148/rg.2021200093.

Síntesis integrada del rol del PET más allá de la oncología

El análisis de la literatura revisada pone de manifiesto que la tomografía por emisión de positrones ha ampliado de manera sustancial su campo de aplicación más allá de la oncología, consolidándose como una herramienta transversal dentro del diagnóstico por imágenes. El PET aporta información metabólica y funcional que no es accesible mediante técnicas anatómicas aisladas, permitiendo caracterizar enfermedades complejas, multisistémicas y de expresión morfológica sutil.

En escenarios neurológicos, inflamatorios, infecciosos, inmunológicos y cardiovasculares, el PET facilita la identificación de patrones fisiopatológicos específicos, orienta conductas terapéuticas más precisas y reduce la incertidumbre diagnóstica. Asimismo, su capacidad para actuar como un biomarcador dinámico posibilita el seguimiento evolutivo de la enfermedad y la evaluación de la respuesta al tratamiento, aportando información clave para la toma de decisiones clínicas.

La expansión del PET más allá del ámbito oncológico responde a una necesidad clínica concreta: evaluar procesos funcionales y moleculares con un nivel de detalle imposible de alcanzar mediante tomografía computada o resonancia magnética de forma aislada. En este contexto, el PET se consolida como un pilar del diagnóstico por imágenes moderno, con un impacto directo y positivo en la atención integral del paciente.

Discusión general

El análisis integrado de la evidencia revisada permite afirmar con claridad que la tomografía por emisión de positrones (PET) ha dejado de ser una herramienta restringida al ámbito oncológico para consolidarse como un método transversal con impacto decisivo en múltiples áreas de la medicina. Su principal fortaleza radica en la capacidad de detectar alteraciones funcionales y metabólicas que preceden, acompañan o complementan los cambios morfológicos observados mediante técnicas estructurales tradicionales. Este atributo redefine su utilidad diagnóstica y su rol dentro del proceso clínico, posicionándolo como un pilar del diagnóstico por imágenes moderno.

En neurología, los estudios analizados en epilepsia y demencias demuestran que el PET no solo incrementa la sensibilidad diagnóstica, sino que aporta información cualitativa esencial para la toma de decisiones terapéuticas. En la epilepsia refractaria, la identificación del hipometabolismo interictal como marcador funcional de la zona epileptógena se asocia a mejores resultados quirúrgicos, evidenciando que el PET trasciende su carácter complementario para convertirse en una herramienta determinante en la selección de candidatos a cirugía. De manera análoga, en el estudio de las demencias, la detección de patrones metabólicos característicos permite reducir la incertidumbre diagnóstica en etapas tempranas, cuando la resonancia magnética puede no evidenciar aún cambios estructurales significativos. Esto subraya el valor del PET como método capaz de aportar una resolución fisiopatológica difícil de alcanzar por otras modalidades.

En el sistema osteoarticular y los tejidos periarticulares, el PET ofrece un valor agregado que va más allá de la detección de patología tumoral. La correcta caracterización de hallazgos benignos metabólicamente activos, como bursitis, entesopatías o cambios degenerativos, contribuye a evitar interpretaciones erróneas y reduce la indicación de procedimientos invasivos innecesarios. Este rol “protector” del PET pone de manifiesto que su utilidad clínica no se limita a identificar enfermedad, sino también a prevenir errores diagnósticos, una función frecuentemente subestimada pero de gran relevancia en la práctica cotidiana.

Las enfermedades inflamatorias sistémicas, como la sarcoidosis, constituyen un escenario paradigmático donde el PET adquiere un protagonismo destacado. La elevada sensibilidad del método para detectar actividad inflamatoria granulomatosa permite diferenciar enfermedad activa de secuelas fibróticas, distinción que resulta crucial para la toma de decisiones terapéuticas. Esta capacidad tiene implicancias directas en el manejo de tratamientos inmunosupresores de largo plazo, cuyo inicio, ajuste o suspensión depende de una correcta valoración de la actividad inflamatoria real.

En patologías inmunomediadas, como la enfermedad vascular relacionada con IgG4, el PET cumple asimismo un rol determinante. La detección de inflamación activa en la pared de grandes vasos o en territorios coronarios aporta información diagnóstica y pronóstica clave, en especial en contextos donde la obtención de biopsias resulta técnicamente compleja o riesgosa. La posibilidad de realizar una evaluación sistémica en un único estudio refuerza el valor del PET en una enfermedad caracterizada por un compromiso multifocal y dinámico.

La introducción de la inmunoterapia ha planteado nuevos desafíos diagnósticos que el PET permite abordar de manera particularmente eficaz. Fenómenos como la pseudoprogresión y los eventos adversos inmunomediados requieren una interpretación funcional que excede la evaluación morfológica. En este contexto, el PET ofrece una ventana privilegiada a los cambios metabólicos tempranos, permitiendo anticipar respuestas terapéuticas y detectar toxicidades inflamatorias antes de que se manifiesten clínicamente. Esta capacidad de anticipación contribuye a optimizar la toma de decisiones, evitando tanto la suspensión prematura de tratamientos eficaces como el retraso en el manejo de efectos adversos potencialmente graves.

Desde una perspectiva integradora, la evidencia revisada indica que el PET se posiciona como un biomarcador global de actividad biológica, con aplicaciones cada vez más amplias en la medicina contemporánea. Su valor no radica solo en la identificación de procesos patológicos, sino en la comprensión de su dinámica, extensión y grado de actividad. De este modo, el PET contribuye a una medicina más personalizada, orientada por la fisiología real del paciente y no exclusivamente por su anatomía, permitiendo optimizar intervenciones terapéuticas, reducir incertidumbres diagnósticas y mejorar la eficiencia del manejo clínico.

En conjunto, la discusión de los trabajos analizados pone de manifiesto un concepto central: el PET constituye hoy una herramienta de alto valor en numerosos escenarios clínicos no oncológicos, no como sustituto de otras modalidades de imagen, sino como un complemento indispensable que aporta una profundidad diagnóstica única. Su incorporación racional y sistemática en los algoritmos clínicos tiene el potencial de mejorar resultados, guiar terapias y elevar la calidad global del cuidado del paciente.

Conclusiones y recomendaciones

El análisis de la literatura revisada demuestra de manera consistente que la tomografía por emisión de positrones (PET), en sus modalidades híbridas con tomografía computada y resonancia magnética, se ha consolidado como una herramienta diagnóstica de amplio espectro, trascendiendo el ámbito oncológico para integrarse de forma decisiva en la evaluación de patologías neurológicas, inflamatorias, inmunomediadas, osteoarticulares y en el monitoreo de terapias avanzadas, como la inmunoterapia. Su principal fortaleza radica en la capacidad de detectar alteraciones metabólicas y funcionales que con frecuencia preceden a los cambios estructurales, posibilitando diagnósticos más precoces, evaluaciones más completas y una toma de decisiones terapéuticas más precisa.

En el campo de la neurología, el PET aporta información indispensable en la evaluación de epilepsia refractaria y de los distintos tipos de demencia, permitiendo una delimitación funcional de áreas cerebrales disfuncionales que impacta de manera directa en la definición de conductas terapéuticas, incluida la planificación quirúrgica. En las enfermedades inflamatorias sistémicas, como la sarcoidosis y la enfermedad relacionada con IgG4, el PET demuestra una sensibilidad superior para identificar actividad inflamatoria y evaluar compromiso multisistémico, aspectos fundamentales para decidir el inicio, la intensificación o el ajuste del tratamiento inmunomodulador. En el análisis del sistema osteoarticular, la correcta interpretación de hallazgos metabólicamente activos de origen benigno permite reducir diagnósticos erróneos y evitar procedimientos invasivos innecesarios, contribuyendo a un manejo clínico más racional.

La creciente complejidad de los esquemas terapéuticos actuales, en particular en el ámbito de la inmunoterapia, ha reforzado el rol del PET como biomarcador dinámico de respuesta y seguridad. Su capacidad para diferenciar entre respuesta verdadera, pseudoprogresión y eventos adversos inmunomediados otorga una ventaja significativa frente a técnicas puramente morfológicas, que pueden resultar insuficientes o inducir a interpretaciones erróneas del comportamiento de la enfermedad.

En síntesis, el PET debe ser entendido como un método integral capaz de aportar información única sobre la biología y la actividad real de las enfermedades, complementando y, en determinados escenarios, superando las técnicas estructurales convencionales. La evidencia analizada sostiene que su implementación adecuada y contextualizada dentro de algoritmos clínicos multidisciplinarios puede mejorar los resultados terapéuticos, optimizar la selección y el seguimiento de tratamientos, acortar los tiempos diagnósticos y, en última instancia, contribuir de manera directa al bienestar del paciente.

Como recomendación final, se destaca la necesidad de promover un uso racional y estandarizado del PET en indicaciones no oncológicas, fomentando la integración con otras modalidades de imagen y la interpretación en contextos clínicos interdisciplinarios. Asimismo, resulta fundamental continuar desarrollando protocolos y líneas de investigación que permitan consolidar su rol dentro de una medicina cada vez más personalizada, funcional y orientada al beneficio del paciente.

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