Central Nervous System Effects of Intrauterine Zika Virus Infection: A pictorial Review

Vol. IV – Nº 3

Referencia
Guedes Ribeiro B, Werner H, Lopes FPPL, Hygino da Cruz C, Fazecas TM., Daltro PAN, Nogueira RA
RadioGraphics, 2017, 37, 1840-1850

Efectos del sistema nervioso central por infección intrauterina del virus del Zika: una revisión pictórica

El virus del Zika pertenece al género Flavivirus, de la familia Flaviviridae, y se transmite por la picadura de mosquitos vectores del género Aedes. El virus se identificó en Uganda y unos 5 años más  tarde se lo reconoció en un ser humano, en Nigeria. Luego de esto pasaron aproximadamente 50 años hasta registrarse los primeros brotes de enfermedad por este virus, en África, América, Asia e islas del Pacífico. El primero de importancia fue en la isla de Yap (Micronesia) en 2007.
Aunque la mayoría de las personas infectadas con el virus del Zika no tienen síntomas, por ser una infección autolimitada, cuando se presentan los más comunes son fiebre, cefaleas, erupciones  maculopapulares, mialgias, dolor retroocular, conjuntivitis y dolores articulares.
La confirmación del virus requiere pruebas de laboratorio en muestras de sangre (en la fase aguda) o de otros líquidos corporales, como la orina (después de la primera semana de presentarse los  síntomas). Esta prueba se realiza en los siete días posteriores a la aparición de los síntomas mediante la reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa (RT-PCR, del inglés Reverse  transcription polymerase chain reaction). El RT-PCR también se puede utilizar para detectar el ARN del virus en la saliva y en el líquido amniótico, aunque no se recomienda utilizar este tipo de  muestras como primera opción para las pruebas.
La microcefalia congénita es la degeneración o malformación del cerebro presente en el nacimiento y es definida por la medición de la circunferencia cefálica, esto es, 2 desviaciones estándar  menos que el valor medio o el 2° percentil para la edad y el sexo; esta anormalidad se asocia con una reducción en el volumen cerebral y frecuentes discapacidades intelectuales y/o motoras, que incluyen el deterioro del habla, y que en ocasiones provoca la muerte.
En 2015 se realizó el aviso sobre la posible asociación del virus del Zika con la microcefalia congénita. Los datos sugieren que existe un riesgo alto para los fetos de las mujeres infectadas por el  virus durante el primer trimestre del embarazo, y que la microcefalia no es la única malformación observada en estos infantes y esta puede representar sólo la punta del iceberg. Los investigadores  indican que la infección congénita por el virus zika además podría causar daño cerebral. También se identificó una asociación entre la infección por el virus del Zika y el síndrome  de Guillain-Barré, la mielitis transversa y la meningoencefalitis aguda.
Por todo esto, el mayor desafío para los médicos radiólogos que trabajan en zonas endémicas es familiarizarse con los hallazgos de imágenes perinatales del virus congénito de Zika. No todos los  recién nacidos infectados con el virus del Zika presentan microcefalia. Por otro lado, el hecho de no observar las manifestaciones clínicas, en particular cuando se realizan exámenes prenatales, no  significa necesariamente que el feto o recién nacido no presente anomalías.
Las alteraciones que puede producir el virus de Zika en el cerebro del feto se pueden detectar mediante técnicas de imagen como la resonancia magnética, la tomografía computada y la ecografía,  que es la modalidad de imagen de elección.
La primera prueba que puede hacer sospechar de malformaciones en el feto es la ecografía rutinaria; en estos casos se indica la realización de una resonancia magnética.
En el transcurso del embarazo se debe realizar más de una ecografía para revisar al feto y ver si hay señales de microcefalia u otros problemas de salud. Entre los hallazgos ecográficos se podrían  encontrar calcificaciones corticales y/o periventriculares, ventriculomegalia, anormalidades del cuerpo calloso, hipoplasia del tronco encefálico y agrandamiento de la cisterna magna. Los avances  en la tecnología de imágenes han llevado a grandes mejoras en la evaluación perinatal.
En el caso de las mujeres embarazadas con infección por el virus del Zika presunta o confirmada, se debe realizar ecografías fetales en serie (cada 3-4 semanas) para la evaluación de la anatomía  fetal y monitorear de cerca el crecimiento. Estas ecografías deben incluir una anatomía fetal detallada y en el seguimiento considerar que la ausencia de microcefalia congénita y calcificaciones  intracraneales en un determinado momento del embarazo no excluye que puedan presentarse en un futuro.
La ecografía obstétrica ha demostrado que su capacidad diagnóstica para microcefalia aumenta luego de las 28 semanas de gestación. La microcefalia sólo se confirma después del nacimiento por  medición del perímetro cefálico del neonato.
La ecografía es la herramienta principal recomendada para la detección y monitoreo de anomalías cerebrales fetales y neonatales asociadas con el virus del Zika, aunque es una tecnología que  requiere un amplio conocimiento en anatomía materno-fetal. Su uso es de mucha importancia, así como las otras técnicas de neuroimágenes como la resonancia magnética y la tomografía  computada.
La resonancia magnética proporciona información más detallada sobre la anatomía del cerebro que la ecografía y puede aclarar sus resultados cuando se necesitan más detalles sobre la anatomía  cerebral fetal o neonatal. Sin embargo, no es tan fácil de obtener como la ecografía y tiende a ser costosa.
Después del nacimiento, los métodos diagnósticos de elección son la ecografía transfontanelar, la tomografía computada y la resonancia magnética. Los principales hallazgos ecográficos incluyen  adelgazamiento del parénquima frontoparietal con hallazgos hiperecoicos puntiformes consistentes con calcificaciones, principalmente observados en las superficies frontales del cerebro, y  disgenesia del cuerpo calloso. En cuanto a la tomografía computada postnatal los principales hallazgos son microcefalia, exuberante protuberancia occipital externa (causada por el hueso  colapsado y restringido intracraneal contenido), ángulo frontonasal reducido y redundante cuero cabelludo. Por último con respecto a la resonancia magnética, los hallazgos más comunes son las  calcificaciones. En relación con los demás métodos diagnósticos, la resonancia magnética presenta mayores beneficios en cuanto al análisis del parénquima cerebral y a la identificación de las  malformaciones congénitas, sin embargo algunas de sus desventajas son el tiempo de espera en la obtención de las imágenes y el hecho de que el paciente deba permanecer inmóvil genera la  necesidad de sedación.
Podemos concluir que en la infección intrauterina por el virus del Zika con implicación del sistema nervioso central, los principales hallazgos incluyen microcefalia, ventriculomegalia, calcificaciones multifocales en la corteza y sustancia blanca subcortical, así como atrofia cortical asociada con reducción frontonasal, protuberancia occipital y redundante piel  del cuero cabelludo en la región occipital. Las imágenes perinatales en la resonancia magnética y la tomografía computada permiten un avance en el diagnóstico de esta enfermedad. Los  radiólogos debemos reconocer y tener presentes estos hallazgos para la correcta identificación de casos sospechosos de Zika.

Recopilado por David Francisco Ricardo C.

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