Síndrome de burnout

Vol. II – Nº 1

Autora
Dra. Marcela Patricia Miranda, médica, especialista en Psiquiatría y Medicina Legal

En este artículo, nos adentramos en una patología que afecta a muchos profesionales de la salud. Desgano, desmotivación, depresión y apatía son síntomas
para estar atentos.

¿Qué sucede cuando nos encontramos frente a un profesional de la salud que nos refiere tales síntomas, cuáles son sus implicancias y sus consecuencias?
Es cierto que la profesión médica ejercida con compromiso y vocación por el profesional genera en sí misma situaciones estresantes que a veces son muy difíciles de soslayar, recurriendo en más de una oportunidad y, en el mejor de los casos, a la consulta psicológica y psiquiátrica en busca de una solución rápida para poder seguir adelante. Por otro lado, puede suceder que entre en juego la automedicación, vale decir que ansiolíticos, hipnóticos y antidepresivos comienzan a ser parte de su vida cotidiana, con el afán de disminuir los niveles de ansiedad, mejorar la calidad del sueño o mitigar aquellos síntomas depresivos que lo aquejan.

Desarrollo
El cansancio emocional se encuentra dado por la fatiga, la disminución de los recursos tanto personales como institucionales y la personalidad. Esto termina condicionando una respuesta negativa a los otros, con pérdida de la motivación, irritabilidad, susceptibilidad, agresividad e indiferencia.
Hay un descenso de la realización personal en el trabajo generado por la depresión, se aísla, baja la productividad, es incapaz de soportar presiones y disminuye la autoestima. Hay un estado de agotamiento físico, emocional y mental causado por situaciones demandantes durante un tiempo prolongado, como consecuencia aparecen errores, indecisión, ausentismos, accidentes, trabajos de poca calidad e insatisfacción laboral.
Estamos frente a una patología que aqueja a muchos profesionales de la salud y nos referimos tanto a médicos especialistas como residentes; y son estos últimos estadísticamente los más afectados. Se ha definido como una enfermedad laboral en las sociedades del bienestar (Gil Monte); frase más que elocuente y para pensar por su significante. Estamos, entonces, frente a un intento de adaptación y a la pérdida progresiva de los ideales en un mundo laboral exigente, demandante y competitivo.
La apatía pasa a ser el síntoma cardinal del llamado “síndrome de burnout”, que se traduce como el estar “quemado”, y es imperante su detección temprana para su correcto diagnóstico y tratamiento. Dadas las circunstancias, no solo nos referimos a las repercusiones que tiene este síndrome en el ámbito laboral, social y familiar, sino también a su encuadre en medicina legal, y es ahí mismo donde debemos mencionar el daño psíquico.
Cabe aclarar que no existe patología alguna dentro de la nosología psiquiátrica llamada daño psíquico, es solo un recurso del derecho dentro de los daños patrimoniales donde se enumeran múltiples afecciones psiquiátricas, siendo una de ellas el “síndrome de burnout”, de allí la importancia del marco legal de este.
El hombre es un ser temporal, histórico y libre, dicho esto nos preguntamos: ¿cómo impacta el daño psíquico en su proyecto vital? He aquí lo importante, la libertad de elección para un proyecto de vida necesita de la indemnidad de las funciones psíquicas, menoscabadas estas se trunca dicho proyecto. De este modo, la frustración que deviene genera la pérdida del sentido de existir.

Conclusiones
En síntesis, la desilusión, la frustración, los impulsos agresivos, la culpa, la disminución del rendimiento y la pérdida producida generan una ruptura de la homeostasis. Consecuentemente, el sujeto enferma, pero lo que desencadena la enfermedad no es el trabajo sino la forma en que este se lleva adelante. Por lo tanto, dividir los grandes problemas en componentes manejables; generar respuestas alternativas para analizar las posibles soluciones; identificar, controlar y combatir los pensamientos automáticos negativos y las creencias disfuncionales; programar las actividades para poder controlarlas y no que ellas lo hagan, generando un caos emocional; realizar actividades de relajación y distracción; respetar los propios tiempos y los de los otros; refocalizar la atención ante la presencia de síntomas ansiosos-depresivos; realizar ejercicio físico; mantener una alimentación saludable y respetar las horas de descanso son algunas de las estrategias a tener en cuenta para construir la experiencia de una mejor calidad de vida.

Bibliografía

  1. Harold Kaplan y B. J. “Sinopsis de Psiquiatría”. 7º edición. Editorial Panamericana 1996.
  2. Gilbert Calabuig. “Medicina Legal y Toxicología”. 6º edición. Editorial Masson 2004.
  3. José L. Covelli y Gustavo J. Rofrano. “Daño psíquico”. 1º edición. Editorial Dosyuna 2008.
  4. José L Covelli, María Y. Covelli, Reinoso Marcelo. “Patología Laboral”. 1º edición. Editorial Dosyuna 2011.
  5. “Cognitive therapy: Basics and Beyond”, publicado por The Guiford press 1995
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