El Estrés, ¿Qué pasa con la mente?

Vol. I – Nº 1

Autor
Dr. Gustavo E. Tafet – Director del Dpto. de Psiquiatría y Neurociencias Universidad Maimónides.

El estudio de la mente humana y de las diversas funciones mentales ha sido  objeto de numerosas investigaciones en el campo de la neurología y de la psiquiatría clínica. El estudio del estrés permite comprender la importancia de las neuroimágenes en el desarrollo de las neurociencias.

Imágenes

Las neurociencias constituyen un conjunto de disciplinas de interfase cuyo principal objetivo es comprender el funcionamiento de la mente humana y sus bases neurobiológicas, incluyendo los diversos eventos a nivel molecular, las interacciones que ocurren a nivel celular, la identificación de los diversos sistemas involucrados a nivel de la compleja trama estructural del cerebro, como así también los efectos observables en la práctica clínica y su relación con las posibles  alteraciones descriptas a nivel neurobiológico.

El desarrollo de las neurociencias

El creciente avance en el desarrollo de las neurociencias ha permitido comprender las bases  neurobiológicas de funciones tan diversas como la percepción, el procesamiento de información en el sistema nervioso central (SNC), el aprendizaje de nueva información y su almacenamiento en la memoria, la planificación de respuestas, la comunicación por medio del lenguaje, la cognición y la emoción. En consecuencia, esto ha tenido enormes implicancias en la práctica clínica, permitiendo alcanzar un nivel de comprensión que se traduce en diagnósticos más acertados y tratamientos más efectivos, fundamentalmente en neurología y en psiquiatría.

Las neuroimágenes

Las estrategias utilizadas en el desarrollo de las neurociencias incluyen diversos estudios a nivel celular y molecular. Además, con el propósito de estudiar el cerebro humano de forma directa, utilizando estrategias adecuadas y sensibles, y a la vez menos invasivas, se han incorporado diversos estudios basados en las imágenes del SNC, dando origen a las neuroimágenes. En ese sentido, el estudio del funcionamiento del cerebro ha sido posible gracias al desarrollo de la tomografía axial computada (computerized axial tomography, CAT o CT) en la década de los ’70, la tomografía computada de emisión monofotónica (single photon emission computed tomography, SPECT) y la tomografía de emisión de positrones (positron emission tomography, PET) en la década de los ’80, la resonancia magnética nuclear (magnetic resonance Imaging, MRI) en la década de los ’90, y más recientemente la resonancia magnética nuclear funcional (fMRI). De esta manera, las neuroimágenes han permitido profundizar el estudio de varios cuadros neurológicos, incluyendo aquellos provocados por procesos traumáticos y neurodegenerativos, y más recientemente numerosos trastornos psiquiátricos, caracterizados por alteraciones cognitivas y emocionales, incluyendo diversos trastornos de ansiedad, como el trastorno por estrés pos-traumático y el trastorno obsesivo compulsivo, trastornos del ánimo, como la depresión, y cuadros psicóticos, como la esquizofrenia y las demencias. Las  euroimágenes permiten abordar el estudio de procesos fisiopatológicos complejos, con niveles de resolución suficientemente sensibles para evaluar la interfase entre procesos fisiológicos y las alteraciones estructurales y funcionales que aparecen en los inicios o durante el desarrollo de diversos cuadros clínicos.

El estrés

En ese sentido, el estudio del estrés, y las posibles alteraciones provocadas a nivel del sistema nervioso central, representa un excelente modelo para comprender la importancia de las neuroimágenes en el desarrollo de las neurociencias. El estrés constituye una situación habitual en la vida de toda persona. Involucra la respuesta adaptativa de un organismo frente a diversos estímulos ambientales, incluyendo factores de tipo bioecológico o de tipo psico-social. El impacto de dichos factores provoca respuestas mediadas por el sistema nervioso autónomo (SNA) y el eje hipotálamohipófiso adrenal (HHA). La activación de estos sistemas depende de estructuras cerebrales, incluyendo la corteza prefrontal (CPF) y el sistema límbico, particularmente la amígdala y el hipocampo (Chrousos & Gold, 1992). 

Tipologías

El impacto de un estímulo ambiental es percibido por los órganos de los sentidos y a través de  diversas vías sensoriales llega al SNC. La información llega al tálamo, desde donde se proyecta a diversas cortezas sensoriales unimodales y asociativas, cortezas transicionales, incluyendo entorrinal, peririnal y parahipocámpica, para luego llegar al hipocámpo y sucesivamente a la amígdala, que es la estructura responsable de conferirle el tono emocional. La amígdala envía proyecciones a diversas estructuras, incluyendo CPF, particularmente la corteza órbito-frontal y la CPF dorso-lateral, donde tienen lugar diversos procesos cognitivos, incluyendo la memoria de

trabajo y el registro conciente de la información procesada, y proyecciones que alcanzan los  principales núcleos de regulación del SNA y el eje HHA. La amígdala también recibe proyecciones directas del tálamo, constituyendo una vía de activación que permite una rápida reacción

frente a estímulos ambientales sugestivos de estrés, aún antes de tener registro conciente de la situación (LeDoux, 1996). El impacto de los estímulos ambientales depende de las características propias de los factores de estrés, incluyendo su intensidad y su duración, y de los recursos con que cuenta cada individuo para afrontar adecuadamente la situación. De esta manera, es posible identificar un estrés agudo, cuando la duración del impacto es limitado en el tiempo, y un estrés crónico, producido por el impacto sostenido y prolongado de uno de mas

factores. En ese sentido, existe una clara asociación entre el estrés crónico y el origen y desarrollo de cuadros depresivos y ciertos trastornos de ansiedad (Tafet & Bernardini, 2001), mientras que un impacto agudo puede asociarse con otros cuadros, como el trastorno de estrés pos-traumático (TEPT). Se han desarrollado numerosos estudios orientados a investigar las  alteraciones funcionales y estructurales producidas en el SNC como consecuencia del estrés, entre los cuales se destacan los trabajos realizados con PET y fMRI que muestran una marcada hipotrofia del hipocampo, mayor actividad y posible hipertrofia de la amígdala, y alteraciones compatibles con hipotrofia de CPF en pacientes con depresión (McEwen, 2006, Pruesner et al., 2010). Varios de estos cambios también han sido observados en pacientes con TEPT (Pitman et al., 2001).

De esta manera, los estudios de neuroimágenes son cada vez mas utilizados en relación a las neurociencias y su aplicación es más frecuente en la práctica clínica.

 

Bibliografía

  1. Kandel, ER, Schwartz, JH, Jessell, TM (Editores) Principles of Neural Science, 4th. Ed., McGraw-Hill, New York, 2000.
  2. LeDoux, J,1996. The Emotional Brain: The Mysterious Underpinnings of Emotional Life. Simon and Schuster, New York.
  3. Tafet GE, Bernardini R., Psychoneuroendocrinological links between chronic stress and depression. Prog Neuropsychopharmacol Biol Psychiatry. 2003 Sep;27(6):893-903.
  4. Chrousos, G.P., Gold, P.W., 1992. The concepts of stress and stress system disorders. JAMA 267, 1244–1252.
  5. McEwen, BS, Protective and damaging effects of stress mediators: central role of the brain. Dialogues Clin Neurosci. 2006;8(4):367-81.

 

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